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MARIO SAPAG-HAGAR  AN. R. ACAD. NAC. FARM.

    Bergson sostenía que el ser humano se puede explicar a partir de
un proceso de evolución y apoyaba que la función de los sentidos no
era la de representar la realidad circundante sino la de estimular
reacciones como protección ante los peligros del entorno, razón por
la cual no representan hoy fielmente el mundo real. Además, invo-
caba la presencia en las especies, evolutivamente, de un impulso que
denominó «corriente o fuerza vital» (élan vital) que impulsa a una
mayor individualidad (11).

    Ortega y Gasset hacía notar que los fenómenos vitales comienzan
donde concluyen los fenómenos mecánicos: «el enamorado que se
consume de deliquio contemplando el divino óvalo de la faz amada,
no se extasía ante una disposición oval de átomos, y la liebre que
huye del galgo no huye de una ecuación físico-química (la de la
radiación luminosa)». Y añadía: «medio biológico es sólo aquello
que existe vitalmente para el organismo. Hay un mundo para cada
especie; hay un mundo para el hombre y otro para el águila, y otro
para la araña. No sólo el organismo se adapta al medio, sino que el
medio se adapta al organismo. El cuerpo es sólo la mitad del ser
viviente; su otra mitad son los objetos que para él existen, que él
percibe y que lo incitan a moverse, a vivir». Para entender una vida,
humana o animal, hay que hacer antes el inventario de los objetos
que integran, con sus cualidades percibibles, su mundo propio, lo
que Ortega denomina «su paisaje», su medio vital (4).

    Nada hay en el mundo físico que no tenga su correspondencia
sicológica, y viceversa, para el ser humano. Así, Goethe cantaba esa
hermandad entre alma y espacio, el mundo como expresión del alma:

              nada hay dentro, nada hay fuera;
              lo que hay dentro, eso hay fuera.

3.2. Materia viva y no viva: vitalismo y mecanicismo (12)

    Distinguir lo vivo de lo inerte o abarcar en una misma definición
al ternero, el plátano y la bacteria no es nada fácil, requiriendo
cierta flexibilidad al momento de hacerlo. Las formas vivas se pue-
den individualizar por poseer una membrana celular (los pluricelu-
lares además poseen un cuerpo), por su capacidad de intercambiar

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