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VOL. 72 (2), 235-281, 2006  LA EVOLUCIÓN Y EL ASCENSO BIOQUÍMICO-MOLECULAR...

poseída por la verdad», aludiendo a la búsqueda de las propias raíces
en lo más profundo de uno mismo, lo cual es, simultáneamente, lo
más externo y radical, lo superior. Esto equivale a llegar a conocer
lo primordial de la realidad misma, poder de lo real que representa,
en sí mismo, la unidad intrínseca de la realidad y la inteligencia.

    El concepto de evolución orgánica constituye, junto a los concep-
tos de célula y de organismo, uno de los más importantes principios
básicos de la Biología. La evolución orgánica es el desarrollo progre-
sivo de animales y plantas a partir de ancestros de formas y funcio-
nes diferentes. Es un proceso muy lento, que se mide en tiempo
geológico. El término evolución se aplica, en general, a cualquier
aumento en complejidad a través del tiempo, tales como la evolución
del sistema solar, la evolución orgánica de los seres vivos, la evolu-
ción del hombre y de la sociedad humana, etc. La similitud funda-
mental de los organismos apoya la existencia de un ancestro común
a todos ellos. El protoplasma y la célula y sus manifestaciones de
vida —metabolismo, crecimiento y reproducción— son esencialmen-
te los mismos en todos los organismos. Los cambios en la constitu-
ción genética de un organismo pueden deberse a nuevas condicio-
nes, a bricolaje, a mutaciones de los cromosomas o a mutaciones de
los genes.

    La combinación de la teoría de la selección natural de Darwin y
la teoría de las mutaciones de De Wries es lo más aceptado por los
biólogos modernos.

    En la sociedad humana deben convivir los investigadores de la
verdad terrena sin negar ni combatir a priori la trascendencia de lo
absoluto que plantean la religión y la filosofía.

    Claude Bernard decía que «en todos los conocimientos humanos
y en todas las épocas hay una mezcla, en proporción mayor y menor,
de tres cosas: religión, filosofía y ciencia». Las tres se depuran y se
perfeccionan la una con la otra.

    Pasteur, por otra parte, afirmaba que «en cada uno de nosotros
hay dos seres: el hombre de ciencia, que hace tabla rasa de todo y
quiere remontarse hasta el conocimiento de la naturaleza por medio
de la observación, la experiencia y el raciocinio, y el hombre sensi-
ble, que vive de la tradición, de la fe, de los sentimientos» (10). Hay

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