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VOL. 72 (2), 235-281, 2006  LA EVOLUCIÓN Y EL ASCENSO BIOQUÍMICO-MOLECULAR...

materia y energía con su entorno, por crecer y reproducirse y por la
capacidad de responder a los estímulos externos.

    Respecto a un criterio simple que permita distinguir entre mate-
ria viva y no viva, la complejidad del fenómeno vital y su naturaleza
esencialmente misteriosa hace de ello un tema de conjetura. En
general, existen dos aproximaciones opuestas para entender el fenó-
meno de la vida: el mecanicista y el vitalista.

    El mecanicista considera que un organismo vivo es una máquina,
cuyas partes e interacciones obedecen a las mismas leyes de la física
y de la química que conocemos en el mundo no viviente. El vitalista,
en cambio, estima que las leyes físicas y químicas ordinarias no son
suficientes para explicar el fenómeno de la vida y que la condición
de estar vivo se debe a otro factor del cual no sabemos nada, pero
cuya existencia debemos asumir. Está claro que el primer punto de
vista, el mecanicista, ha sido el más fructífero en la investigación
científica y si bien no prueba que la vida es un mecanismo, al menos
sugiere que el abordaje práctico y metodológico implica la hipótesis
de que las leyes de la física y de la química explican la materia viva.
De aquí que los biólogos modernos son mecanicistas en el abordaje
experimental cualesquiera que sean sus convicciones fundamentales.

    A todo aquel que se ha introducido en cualquiera de las ramas de
la biología le llama la atención la gran variedad de organismos vivos
existentes en nuestro planeta y, más aún, le sorprende que esto no
guarde consonancia con lo reducido de los procesos físico-químicos
y estructuras atómicas, moleculares y celulares empleados para lle-
var a cabo esta maravillosa diversidad de organismos vivos. Es decir,
que la naturaleza es pródiga en seres vivos pero no en mecanismos.
Lo que podría parecer una complejidad inexplicable no lo es por la
sorprendente unidad que presenta la materia viva en composición,
estructura y función, acompañada de un origen común y una admi-
rable evolución química y biológica develada a través de la capaci-
dad racional de la mente del hombre plasmada en un árbol de la
vida común a todos los seres vivientes.

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