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B. SANZ PÉREZ ANAL. REAL ACAD. NAC. FARM.
más de médico fue astrólogo, alquimista y diplomático en ocasiones. Su
libro más famoso fue el Régimen Sanitatis, publicado en 1307 y del que
se hicieron muchas ediciones hasta bien entrado el siglo XVI.
La Escuela de Salerno, que en muchos aspectos fue por delante de su
tiempo, desapareció sin dejar ni rastro. Sorprende que enseñase medicina
a las mujeres, algo impensable en las escuelas médicas de su tiempo y
todavía más, que les estuviese permitido formar parte del Consejo rector.
Entonces, como en la antigüedad clásica, no se permitían las disecciones
humanas, sino que generalmente se practicaban en los cerdos. De aquí
que, como dice Rhodes (1985), el primer texto anatómico haya sido la
Anatomía porci, escrita por Kopho que fue profesor de esta escuela.
En resumen, durante el Medioevo la praxis médica consistía funda-
mentalmente en observar los síntomas del paciente, examinar sus excre-
ciones y emitir un pronóstico y tratamiento, que consistía siempre en un
cambio del régimen de vida que incluía una serie de consejos concernien-
tes a la dieta, al sueño, reposo, ejercicio, baños fríos o calientes, o ambos,
y remedios o medicinas que eran mezclas de las llamadas simples, forma-
das por hierbas, raíces, hojas, flores y frutas, además de purgas y sangrías
de las que a menudo se abusaba.
2. Ideas sobre nutrición y alimentos
Se ha dicho anteriormente que tanto la medicina árabe de Al-Andalus,
como el Régimen Sanitatis de Salerno se regían por las enseñanzas de los
grandes maestros de Grecia y Roma clásicas. Como ellos, los renacentis-
tas creían que los alimentos modificaban los humores, de cuyas mezclas y
equilibrios dependía el mejor o peor funcionamiento del organismo. Esta-
ban convencidos de que las constelaciones astrales influían en el fisiolo-
gismo del cuerpo humano. De aquí que el Régimen Sanitatis Salernita-
num dedique un capítulo entero a estos aspectos y que la mayoría de los
colegas de Servet y él mismo creyesen en la astrología. Pensaban que los
alimentos una vez digeridos no solo se modificaban y convertían en la
propia sustancia corporal (lo que está de acuerdo con los conocimientos
nutritivos actuales), sino que, además aumentaban el calor natural y daban
vigor al cuerpo, debido a que incrementaban la sangre que es la vida del
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