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VOL. 68 (3),                LA BROMATOLOGÍA EN LA OBRA DE SERVET

1.1.1 Los grandes maestros

     Desde el siglo V a. de C. y gracias a las observaciones y juicios de
muchas personas, algunas de ellas anónimas, fueron incorporándose las
tradiciones de las civilizaciones asiria, egipcia y otras al acerbo cultural
griego, a la vez que en la Grecia clásica fue creándose un cuerpo de doc-
trina, sobre la salud del hombre y de los animales que, recogido por algu-
nos escritos, se transmitiría a las futuras generaciones. Aunque fueron
bastantes más los griegos y romanos que escribieron de medicina, citare-
mos únicamente a cuatro.

     Hipócrates, que nació en el 460 a.C y vivió 83 años, fue llamado con
razón el padre de la medicina, escribió un conjunto de tratados sobre nu-
trición, medicina, ciencias naturales y veterinaria cuya impronta marcaría
las medicinas romana, arábiga y renacentista.

     Dioscórides Pedanus, griego de nacimiento, vino al mundo en el siglo
I de la Era cristiana en Anazarba de Cilicia, de aquí el sobrenombre de
Anazarbeo. Fue médico de las legiones de Nerón y un gran estudioso y
observador de la naturaleza; dominaba, además de la medicina, la botáni-
ca y la mineralogía de su tiempo. Conocedor de la obra de Hipócrates, en
su tratado De materia médica incluye unas 600 especies de plantas de las
que describe sus virtudes curativas, efectos tóxicos y antídotos, forma de
administrarlas, indicaciones y en muchos casos importancia nutritiva. Sin
duda alguna, hasta el siglo XVIII fue, junto con la Biblia, el libro más
traducido.

     Aulus Cornelius Celsus, que también vivió en el siglo I de nuestra
era, fue un gran médico que dominaba todo el saber científico de su tiem-
po. Siguiendo a Hipócrates era partidario de no atacar a la enfermedad
directamente sino de esperar un poco para que la vis medicatrix naturalis
(fuerza curativa de la naturaleza) realizara la curación. Como tratamientos
recomendaba generalmente cambios de la dieta y unos pocos medicamen-
tos y baños fríos y calientes. Su doctrina la plasmó en De re medicina,
libro que se reeditó en 1478 en Florencia (Italia) y del que se hicieron
otras muchas ediciones, lo que pone de manifiesto lo poco que avanzó la
medicina en 14 siglos.

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