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GONZALO GIMÉNEZ MARTÍN ANAL. REAL ACAD. FARM.
de células que quedan marcadas como binucleadas es proporcional a la
velocidad del ciclo y éste es un parámetro que nos puede dar la duración
del mismo. Llamando flujo celular ()) a la cantidad de células % que
pasan por cada punto del ciclo en una unidad de tiempo, lo podemos
relacionar con la duración del mismo (T):
) = 100/T
Es decir, el flujo celular es tanto mayor cuanto menor es la
duración del ciclo. Siguiendo esta fórmula, De la Torre et al. (1971) (55)
elaboraron otro método para averiguar la duración del ciclo celular
mediante tratamiento de la población meristemática con timidina tritiada
durante 10 min, y, transcurrida una hora, valorar la frecuencia de células
marcadas en la población durante otro diez minutos analizando otra
muestra. La diferencia en células marcadas entre esta segunda muestra y
la primera corresponde a la frecuencia celular que inició replicación
durante la hora transcurrida. Las células que inicialmente se marcaron por
hallarse en el período de replicación y continúan todavía en él una hora
después son marcadas por una segunda vez; aquéllas que se marcaron la
primera vez pero pasaron a G2 durante la hora transcurrida sólo tendrán la
marca del primer tratamiento con timidina tritiada; y las que iniciaron su
replicación son las marcadas una única vez por el segundo tratamiento. Es
decir, la diferencia entre la frecuencia de marcado en % es el flujo celular.
Sin embargo, la primera aplicación del método del marcado de
binucleadas se realizó para estudiar cual era el tiempo que una población
celular binucleada necesitaba para entrar en división por primera y
segunda vez, considerando este tiempo como el de la duración del ciclo
(Giménez-Martín et al., 1965) (54). Posteriormente se analizaron las
diferencias ente longitudes de los ciclos a diferentes temperaturas,
comprobándose la permanencia de los índices mitóticos y de fases en
cada una de ellas, aunque las duraciones de los ciclos variaban al
modificar la temperatura, obteniéndose la valiosa conclusión que la
proporcionalidad de las duraciones de cada una de las fases era constante
sea cual fuere la duración del ciclo (López-Sáez et al., 1966) (56). Cinco
años después se analizó la proporcionalidad entre G1, S y G2 interfásicos a
diferentes temperaturas, comprobándose igualmente su mantenimiento
(González-Fernández et al., 1971) (57), hecho ya desmotrado en
Tetrahymena pyriformis (Mackenzie et al., 1966) (58).
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