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MARIO SAPAG-HAGAR  AN. R. ACAD. NAC. FARM.

que constituirían los sillares de la vida. En esta última etapa, hace
un millón y medio de años, se alcanzaría la creación de la mente
humana (noogénesis) caracterizada por los inicios del pensamiento
lógico y la conciencia valórica.

    La evolución es un proceso continuo del ser humano, el cual, al
igual que los demás organismos, sigue aún evolucionando. Si no
fueran capaces de adaptarse a los cambios de su medio ambiente,
quedarían condenados a la extinción. La especie humana continúa
evolucionando al cumplir con las dos condiciones fundamentales
para toda evolución biológica: una gran diversidad genética y cam-
bios ambientales, lo que se traduce en una selección natural que
lleva a la transmisión de variantes genéticas. Si la evolución se pro-
longa en una dirección más o menos determinada durante un perio-
do suficientemente largo, se hacen observables los cambios, como
ha ocurrido con el aumento de tamaño del cerebro del hombre de
500 a 1.400 cc en los últimos millones de años.

    Entre las adaptaciones más recientes del ser humano se encuen-
tran: la piel clara para absorber mejor la vitamina D, especialmente
en las latitudes más nubosas; un gen para ayudar a digerir la leche,
alimento que otras especies sólo consumen en la infancia; en los
asiáticos, un nuevo gen que provoca intolerancia al alcohol.

    Hay, pues, amplia evidencia de que la selección natural ha sido
la fuerza principal de nuestra evolución en los últimos diez mil años
y no hay razón para suponer que el proceso esté detenido.

    La evolución humana se diferencia de la de los demás organis-
mos por tener dos dimensiones: una biológica, por transmisión de
información genética, y otra cultural, basada en la transmisión no
genética de información.

    Esta última, la cultural, es específicamente humana y constituye
«el conjunto de ideas vivas que el tiempo posee y de las cuales el
tiempo vive» (4). Las evoluciones biológica y cultural son interde-
pendientes, dependiendo enteramente la existencia de la cultura de
la naturaleza y cualidades de la base biológica cuyo poder de adap-
tación se extiende, a su vez, sobremanera, gracias a la cultura, la que
constituye la fuente más importante de los cambios ambientales que
determinan la evolución biológica del hombre.

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