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MARIO SAPAG-HAGAR AN. R. ACAD. NAC. FARM.
hecho inobjetable, un concepto unificador y un proceso continuo y
comprensible en el que, a través de la orientadora selección natural,
se generen inevitablemente nuevas formas, estructuras y funciones,
así como mejoras autoadaptables al medio, las que se traducen en
un avance en la organización general de los seres vivos (1).
Pero como las propiedades de los seres vivos se deben a las ca-
racterísticas e interacciones de las moléculas que las componen, en
una verdadera suerte de anatomía molecular, los biólogos se han
preocupado de perseguir a las moléculas que constituyen los orga-
nismos vivos y, con ayuda de los cosmólogos, han rastreado su ori-
gen hasta la creación de la materia inanimada misma tras la gran
explosión (Big Bang) que originó sus primeros elementos.
La Ciencia ha desplegado, desde hace ya mucho tiempo, sus
mejores esfuerzos y reflexiones para alcanzar una visión unificada
de la realidad intentando suprimir algunos desniveles evolutivos,
todavía inexplicables, entre materia inanimada (o inorgánica), vida y
conciencia valórica, desafío que está a punto de lograr, aún cuando
se le sigue resistiendo la unificación de la aparición de los fenóme-
nos de conciencia a partir del sistema nervioso (2).
Los tres desniveles evolutivos anteriormente descritos, materia
inanimada, vida y conciencia valórica, tienen su interpretación, res-
pectivamente, a través de tres grandes creadores de nuevos materia-
les y formas: el Big Bang, el ADN y la mente.
En el presente trabajo desarrollaremos actualizada y secuencial-
mente estas tres etapas evolutivas cuya máxima expresión es el
hombre, con el propósito de alcanzar una comprensión bioquímico-
molecular de él que incluya, además, su pensamiento lógico y su
conciencia ética y valórica (Homo moralis) en las cuales se basan sus
características humanas y su preeminencia sobre los otros seres vi-
vientes que lo precedieron. Para ello, consideraremos el equilibrio
entre lo genético y su entorno (medio ambiente) que hace que el
hombre, más que Homo sapiens, sea el Homo humanus que señalaba
Cicerón. Tanto la naturaleza con sus caracteres hereditarios, como
el ambiente, explican en su interacción la conducta humana y una
voluntad libre influida por el instinto (genes, cultura, experiencia,
entorno). No se trata ya de la herencia o naturaleza frente al am-
biente sino de la herencia a través del ambiente (3). Así, la vida y el
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