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J.
M.
ORTIZ
MELÓN
El
tratamiento
de
los
enfermos,
es
fundamentalmente
de
mantenimiento,
que
consiste
en
hidratación
y
diálisis
o
plasmaféresis
(6--15
sesiones/día).
Se
están
probando
tratamientos
nuevos
para
los
casos
más
graves
en
los
hospitales
de
Alemania,
pero
no
se
ha
hecho
pública
información
específica
sobre
los
resultados
obtenidos.
Sin
tratamiento
la
mortalidad
se
acerca
al
90%.
Según
las
recomendaciones
del
panel
de
expertos
que
ha
reunido
a
la
Sociedad
Alemana
de
Enfermedades
Infecciosas
y
a
profesionales
de
otras
Sociedades
Científicas
de
Alemania:
--No
deben
de
usarse
antibióticos
como
las
fluorquinolonas
y
el
cotrimoxazol
ni
tampoco
aminoglucósidos
ni
fosfomicina.
Además,
ciertos
antibióticos,
en
particular
las
quinolonas,
trimetropin
y
flurazolidone,
son
potentes
inductores
de
la
expresión
del
gen
de
la
Shiga--toxina
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y
pueden
incrementar
el
nivel
de
toxina
en
el
intestino.
--Si
es
necesario
un
tratamiento
como
en
el
caso
de
pacientes
que
presenten
enfermedad
invasiva
debida
a
STEC
o
a
una
sobreinfección,
debe
de
usarse
carbapenem
como
mejor
elección.
--Si
fuera
necesario
por
otras
razones,
los
nuevos
macrólidos
y
la
rifampicina
también
se
consideran
seguros,
aunque
sigue
habiendo
una
gran
controversia.
--En
pacientes
con
persistencia
de
la
colonización
por
ECEH,
enfermedad
grave
y
progresión
clínica,
pero
sin
indicación
de
tratamiento
antibiótico
sistémico,
la
rifaximina
de
uso
sistémico
puede
ser
una
opción
útil
y
segura
para
la
erradicación
de
ECEH
en
el
tracto
intestinal.
Finalmente,
destacar
que
a
las
exposiciones
reseñadas
anteriormente
siguió
un
animado
debate
que
se
centró
en
las
dificultades
para
establecer
con
certeza
el
origen
de
la
epidemia.
Se
recalcó
el
más
que
posible
el
origen
humano
del
E.
coli
causante
y
la
sorprendente
contaminación
fecal
de
los
vegetales
que
se
apuntan
como
causantes
de
la
epidemia.
También
se
comentó
la
escasez
de
datos
y
la
poca
eficacia
de
los
sistemas
de
notificación
epidemiológica.
Se
apuntó
la
posibilidad
de
que
la
trasmisión
persona--persona
o
a
través
de
fomites
pueda
tener
más
importancia
de
la
esperable
en
una
epidemia
típica
de
origen
alimentario.
También
se
reconoció
la
dificultad
del
tema
y
se
recuerda
que
en
la
mayor
parte
de
las
epidemias
infecciosas
no
se
llega
a
identificar
su
origen.
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