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JOSÉ ANTONIO CABEZAS FERNÁNDEZ DEL CAMPO  AN. R. ACAD. NAC. FARM.

otros, más rápidos pero menos comprobados, como los que utilizan
cultivos celulares. También se analizó lo relativo al uso para vacunas
de virus atenuados o inactivados, o los fragmentos de éstos, así como
el empleo o no de adyuvantes que incrementan el poder inmunógeno
(economizando las dosis vacunales).

    En general, se ha optado por las experimentadas técnicas tradi-
cionales para fabricar las vacunas con virus inactivados, llevando
además frecuentemente adyuvantes, salvo en este caso las destinadas
a embarazadas y niños (datos adicionales y sobre otros tipos de va-
cunas pueden encontrarse en Cabezas, J. A., 2009a; y en la página
www.ranf.com).

    Hacia finales de julio de 2009, España había contratado la ad-
quisición de 37 millones de dosis de vacuna a los principales labo-
ratorios fabricantes extranjeros, ya que aquí hasta ahora no se hacen,
previendo vacunar (mediante dos dosis) a un 40% de la población.

    Ante la eventual escasez de vacuna o necesidad urgente de vacuna-
ción, se establecieron unos grupos de riesgo, integrados por: enfermos
crónicos graves (con problemas cardiovasculares o respiratorios, in-
suficiencia renal, etc.); niños hasta catorce años (unos 6,5 millones);
embarazadas (aproximadamente medio millón al año); profesionales
sanitarios y trabajadores de servicios esenciales (unos 4,5 millones);
a ellos se añadieron ulteriormente los de otras profesiones.

    Comparando con lo acordado por otros países, se deduce que
han existido notables diferencias en este asunto entre unos y otros.
Así, Australia previó la necesidad de 21 millones de dosis, con objeto
de poder vacunar a toda la población. (Téngase en cuenta que, al
hallarse situada en el hemisferio austral, su riesgo de sufrir una
gripe favorecida por el invierno no era coincidente con la del hemis-
ferio norte, y podría sufrir una oleada más peligrosa.) Retrospecti-
vamente puede ahora comprobarse que la amplia utilización allí de
la vacuna y de antivirales ha evitado las grandes pérdidas (humanas
y económicas) que lamentablemente sí se han producido en otros
países sureños como Argentina, donde no se aplicaron tan intensa-
mente estas medidas.

    También el Reino Unido (donde se habían presentado enseguida,
después de en Méjico y EE.UU., algunos casos de infección) concertó

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