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JUAN RAMÓN LACADENA CALERO  AN. R. ACAD. NAC. FARM.

    En el proceso de desarrollo cabe distinguir los siguientes fenó-
menos o componentes del desarrollo: la replicación genética, la pro-
liferación celular, la citodiferenciación, la histogénesis como resulta-
do de la agregación de las células diferenciadas para constituir un
tejido con función especializada, la organogénesis como consecuen-
cia de la asociación de tejidos que da como resultado final la forma
del individuo (morfogénesis) y, finalmente, el comportamiento como
última expresión multidimensional del desarrollo. En términos gené-
ticos analógicos podría decirse que en el proceso de desarrollo se
pasa de la información genética unidimensional contenida en la
secuencia lineal de bases nitrogenadas de la molécula de ADN, a las
hojas blastodérmicas bidimensionales, que tras un proceso morfoge-
nético se transforman en el individuo tridimensional que exhibirá
unas pautas de comportamiento multidimensional a lo largo de su
vida (Lacadena, 1988, 1999).

    Desde el punto de vista genético, el comportamiento es, quizá,
uno de los componentes del desarrollo más difíciles de analizar, pero
no por eso fuera del alcance de un control genético. Siguiendo al
profesor Pinillos (1969), una definición sencilla para algo que puede
ser tan complejo es definir el comportamiento como «cualquier re-
acción a cualquier estímulo». Dentro de la escala evolutiva de los
seres vivos, el comportamiento se manifiesta a distintos niveles, in-
cluyendo desde los tropismos y taxias más simples a las formas más
complejas que se encuentran en los vertebrados como son los refle-
jos, los instintos, el aprendizaje y la inteligencia en sus distintos
grados.

    La Genética del comportamiento estudia el control genético de
las acciones de los organismos, entendiendo como acción cualquier
respuesta a cualquier estímulo (Lacadena, 1988). Las dificultades
que presenta el análisis genético del comportamiento provienen fun-
damentalmente de tres fuentes: 1) la ambigüedad con que se estable-
ce en ocasiones el propio concepto de comportamiento, de manera
que mal podremos analizar genéticamente algo sin saber a ciencia
cierta lo que pretendemos estudiar; 2) la distancia entre el fenotipo
(la pauta de comportamiento) y el genotipo que lo determina, pues
entre ambos media una complejo camino fisiológico que recorrer, ya
que la acción genética primaria puede afectar a los órganos senso-
riales (receptores), cambiando la información recibida; al sistema

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