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VOL. 71 (1), 5-14, 2005  LOS PREMIOS NOBEL 2004 EN FISIOLOGÍA O MEDICINA...

    En las primeras páginas de su novela de género negro, Süskind
nos relata el drama de un recién nacido llamado Jean-Baptiste Gre-
nouille que, como no olía a nada, su horrorizada nodriza se negó a
seguir criándole: «Si la cuestión tiene o no algo que ver con el de-
monio —le decía la nodriza al padre Terrier—, no es asunto de mi
incumbencia. Yo sólo sé una cosa: que este niño me horroriza por-
que no huele como deben oler los lactantes». A partir de ahí, la
trama apasionante de la novela se desarrolla en función de que aquel
ser anómalo, que no olía a nada de recién nacido, sin embargo tenía
enormemente desarrollado el sentido del olfato porque poseía una
nariz privilegiada que le permitía identificar a gran distancia, inclu-
so a través de las paredes, cualquier efluvio. Esta condición le con-
virtió en un individuo maldito, en un monstruo.

    No cabe duda que el olor es importante porque es capaz de iden-
tificar muchas cosas. Ya lo dijo Shakespeare: «Una rosa, con otro
nombre, tendría el mismo aroma». Por otro lado, al leer en «Ha-
mlet», también del mismo Shakespeare, la expresión: «algo huele a
podrido en Dinamarca», inmediatamente somos capaces de recordar
el olor a podrido. ¿Por qué tenemos metidos los olores en el cerebro?
Esa es la «lógica del olfato», utilizando la expresión que dijo en 2001
una de las personas galardonadas con este premio Nobel.

    Como supongo que la profesora Miras abordará su intervención
más desde el punto de vista neurobiológico, permítaseme que yo
haga una breve disquisición desde el punto de vista de la Genética.

                   GENÉTICA DEL COMPORTAMIENTO

    Dentro de la Biología en general y de la Genética en particular,
no hay duda de que el desarrollo de los organismos es uno de los
temas más fundamentales y fascinantes. De hecho, no hace muchos
años, las investigaciones sobre el control genético del desarrollo les
valió el Premio Nobel en Fisiología o Medicina a Edward B. Lewis,
Christiane Nüsslein-Volhard y Erick F. Wieschaus, «por sus descu-
brimientos sobre el control genético del desarrollo temprano del
embrión» (1995), y a Sydney Brenner, H. Robert Horvitz y John E.
Sulston, «por sus descubrimientos sobre la regulación genética del
desarrollo de los órganos y la muerte celular programada» (2002).

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