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Editorial
embargo,
inopinadamente,
los
reinstalaron
24
horas
después.
Nos
indicaron,
que
estos
aparatos
no
hubiesen
sido
devueltos
si
no
hubiéramos
sido
un
grupo
que
íbamos
a
ayudarles
desinteresadamente.
Me
sorprendió
que,
en
sus
alrededores,
se
vieran
cabinas
de
la
española
“Telefónica”
con
su
teléfono,
impecable.
Cierto
día
mientras
se
revisaban
a
las
mujeres
en
ginecología,
salimos
cuatro
compañeros
de
la
ONG
a
dar
un
paseo
por
los
alrededores
del
poblado.
Al
regresar,
nos
dijeron
que
habían
salido
las
que
nos
ayudaban
del
pueblo
a
buscarnos,
y
que
no
nos
había
pasado
nada
dado
que
pertenecíamos
al
ambulatorio.
El
ambulatorio
era
peculiar
para
un
español
como
el
que
suscribe,
pues
tenía
dos
funciones,
estar
al
servicio
médico
de
la
población
y
ser
“Jardín
de
Infancia”.
Todo
ello
regido
por
la
Iglesia
Católica.
Al
despedirnos,
los
médicos
compartimos
una
fiesta
con
los
infantes,
que
cantaron
y
bailaron
para
nosotros.
La
Iglesia
Católica
hace
un
buen
servicio
a
la
población
de
Itapecerica
da
Serra.
Desde
nuestra
Residencia
del
Obispado
hasta
el
ambulatorio
--unos
5
kilómetros--
conté
unas
30
capillas
de
hermandades
diferentes.
Al
año
siguiente,
el
programa
se
gestionó
en
la
zona
deprimida
del
centro
de
Yucatán
(México)
con
diferencias
y
contrastes
más
acusados,
dado
que
en
este
área
se
habita
en
chozas
(prototipo
anterior
al
tipo
“favela”
de
Itapecerica
da
Serra,
de
la
periferia
de
Sao
Paulo).
Figura
1.--
Península
del
Yucatán
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