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VOL. 67, (1) 2001  NUCLEOGÉNESIS

        Hace exactamente un siglo (1898) Montgomery publicaba en el
Journal of Morphology una revisión de 327 páginas sobre el nucleolo.
Este trabajo posee unas 700 referencias obtenidas desde 1781, en que
Fontana describió por primera vez esta formación del núcleo celular, en
un tratado sobre el veneno de la víbora. Se puede señalar que esta revisión
marca una frontera entre una época eminentemente descriptivo-
morfológica y la posterior y actual que viene a desarrollar un periodo
preferentemente analítico, ya de la estructura nucleolar, ya de su
fisiología, actividad y comportamiento en la célula.

        No cabe duda que el avance alcanzado en la presente centuria en
la Biología ha abarcado a todos los componentes celulares, desde el
citoplasma y sus orgánulos (mitocondrias, plastidios, lisosomas,
centrosomas, aparato mitótico, etc.) hasta el núcleo celular con los
cromosomas, lográndose un conocimiento profundo de la composición y
función de todos ellos. Sobre el nucleolo no podría ser menos.

        La palabra nucleolo viene a ser un diminutivo de un diminutivo.
Núcleo proviene del latín nux y significa nuececilla. Pues bien, nucleolo
sería como la pequeña nuececilla del núcleo celular (Valentin, 1839) (1).

        El núcleo celular y los nucleolos se encuentran íntimamente
asociados. El hecho que los cromosomas no se observen al microscopio
óptico desde el paso de telofase a interfase del ciclo celular, y
paralelamente se vayan viendo los nucleolos y, por otra parte, el que los
nucleolos vayan desapareciendo en el transcurso de la interfase-profase,
mientras los cromosomas se hacen microscópicamente visibles, llevó a la
consideración de la existencia de una marcada asociación de unos con
otros, que permitió incluso formular como causa y origen de unos u otros,
ya a los cromosomas ya a los nucleolos.

        A finales del siglo XIX (1879) se describe extensamente la
división del núcleo celular. Se introduce un nuevo método para el estudio
de la multiplicación celular. En este año tres científicos publicaron las
observaciones que habían realizado al microscopio bajo condiciones en
que se podía seguir a las células en el curso de su división. Strasburger (2)
utiliza los pelos estaminales de Tradescantia como material de
observación, mientras que Flemming (3), por ana parte, y Schleicher, por
otra, emplean células de embriones de anfibios, especialmente
salamandra. Flemming (3) y Schleicher (4) publican en el mismo

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