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NOTICIAS
CIENTÍFICAS…
hepático.
Todavía
no
existe
ninguna
vacuna
que
sea
preventiva
contra
la
hepatitis
C
y,
aunque
es
posible
generar
respuestas
inmunes
celulares
amplias
que
duren
por
lo
menos
un
año,
parecen
necesitarse
muchos
más
esfuerzos
para
conseguir
el
éxito
en
este
campo.
La
hepatitis
C
es
la
causa
más
importante
de
los
trasplantes
de
hígado,
aunque
el
tratamiento
antiviral
ha
de
continuarse
después
del
trasplante
debido
a
que,
incluso
los
fármacos
orales
más
activos,
son
incapaces
de
estimular
una
respuesta
inmune
duradera,
por
lo
que
un
paciente
puede
ser
reinfectado.
Por
otra
parte,
dado
que
este
virus
progresa
muy
lentamente,
es
posible
encontrar
las
complicaciones
hepáticas
graves
que
hemos
mencionado
transcurridos
20,
30
o
40
años
desde
su
infección.
El
pronóstico
y
la
expectativa
de
vida
de
estos
pacientes
depende
del
daño
hepático
y
de
la
respuesta
a
los
tratamientos. El
número
de
enfermos
contagiados
con
el
virus
de
la
hepatitis
C
(HCV)
supone
un
3% de
la
población
mundial,
unos
170
millones
de
personas,
de
las
que
9
millones
residen
en
la
Unión
Europea.
Estos
enfermos
se
han
tratado
durante
décadas
con
combinaciones
de
fármacos.
En
una
de
las
más
utilizadas
se
combina
el
interferón
a,
un
activante
del
sistema
inmune
que
también
se
usa
en
el
tratamiento
de
la
leucemia
mieloide
crónica
y
se
administra
como
inyectable,
con
ribavirina
administrada
por
vía
oral.
La
ribavirina
(Virazol®)
es
un
análogo
de
un
nucleósido
de
purina
en
el
que
la
base
nitrogenada
es
triazolcarboxamida.
Es
un
antiviral
de
amplio
espectro
que,
en
el
caso
de
la
hepatitis
C,
ejerce
su
efecto
antiviral
a
través
de
diversos
mecanismos,
entre
ellos
produciendo
en
el
virus
una
mutagénesis
letal
(3).
En
esta
combinación,
el
interferón
a
puede
reemplazarse
por
peginterferón
a
(PEG--intron),
que
se
administra
por
vía
subcutánea
en
el
abdomen
o
en
el
muslo.
Estas
combinaciones
pretenden
estimular
el
sistema
inmune
y,
a
la
vez,
matar
el
virus.
HO N O
O N N NH2
OH OH
Ribavirina (Virazol®)
El
éxito
de
los
tratamientos
de
la
hepatitis
C
crónica
dependen
a
su
vez
del
genotipo
del
virus
infectante.
En
USA,
un
75%
de
los
pacientes
infectados
tienen
el
genotipo
1
(el
más
difícil
de
curar),
entre
un
20
y
un
25%
tienen
el
genotipo
2
o
el
3,
y
un
pequeño
porcentaje
posee
los
genotipos
4,
5
o
6.
Los
pacientes
con
genotipos
2
ó
3
tienen
más
posibilidades
de
curarse
totalmente
que
los
del
genotipo
1
y,
además,
sus
tratamientos
son
más
cortos.
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