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EDITORIAL
A
este
respecto,
está
clara
la
intención
de
D.
Ángel.
Como
dice
en
su
discurso
titulado
“Retrospectiva
Bioquímica”:
“No
hay
que
confundir
e
involucrar
al
que
colabora
con
sus
discípulos
con
el
creador
de
una
escuela,
pero
debo
confesar
con
sinceridad,
mi
renovada
aspiración
a
formar
un
grupo
de
colaboradores
que
se
impusiesen
en
diversos
sectores
de
la
Bioquímica
para
constituir
así,
focos
de
trabajo
activo
en
tan
atrayente
campo
científico:
por
encima
de
la
abeja
debe
estar
el
enjambre”.
A
pesar
de
la
enorme
diversidad
y
situaciones
de
los
citados,
de
los
distintos
campos
de
trabajo
de
cada
uno,
de
la
pertenencia
a
generaciones
diferentes,
a
ideologías
diferentes,
etc.,
como
se
puso
de
manifiesto
en
la
pasada
“Reunión
de
Sucesivas
Generaciones
“,
celebrada
el
pasado
mes
de
junio
de
2012
en
la
Facultad
de
Farmacia
(foto
al
pie),
muchos
nos
sentimos
parte
del
“enjambre”.
¿Pero
es
esto
suficiente?
Como
entiende
mi
amigo
el
historiador
y
catedrático
de
la
Universidad
del
País
Vasco
D.
José
Ramón
Díaz
de
Durana,
mientras
que
el
discipulado
es
un
concepto
plurívoco
en
el
sentido
que
uno
puede
considerarse
discípulo
de
varios
maestros,
aunque
pueda
existir
un
maestro
principal,
la
escuela
es
el
resultado
de
una
percepción
desde
el
exterior
y
es
por
tanto,
un
concepto
unívoco,
es
decir
los
demás
te
perciben
o
no,
como
miembro
de
una
o
de
otra.
En
este
sentido
son
los
de
fuera
de
la
escuela
los
que
tendrían
que
valorar
la
existencia
de
una
escuela
de
los
discípulos
de
Ángel
Santos
Ruiz.
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