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M.
TERESA
MIRAS
ramificación
del
cableado
cerebral.
Todas
ellas
etapas
esenciales
en
la
formación
del
cerebro
adulto
en
plenitud
que
define
los
límites
de
nuestra
identidad.
Pero
cuando
esos
límites
se
difuminan
y
uno
no
es
consciente
de
la
piel
que
habita,
como
diría
Almodóvar,
también
madrileño
de
adopción,
y
las
devastadoras
enfermedades
neurodegenerativas
nos
encierran
en
soledad
no
buscada,
es
cuando
nos
preguntamos
si
lo
que
hemos
descubierto
para
construir
podría
servir
para
frenar
ó
regenerar
lo
que
se
deteriora.
Los
resultados
son
prometedores
para
ralentizar
el
crecimiento
de
las
placas
de
Alzheimer
y
el
deterioro
del
control
del
movimiento.
Y
cada
vez
que
descubrimos
algo
nuevo,
por
pequeño
que
sea,
desbordamos
de
optimismo.
Esto
me
preocupa,
pues
como
decía
Don
Antonio
Mingote,
también
madrileño
de
adopción,
el
pesimista
es
un
optimista
bien
informado.
Por
el
momento
lo
que
desconocemos
del
funcionamiento
de
nuestro
sistema
nervioso
es
tan
amplio
como
nuestra
galaxia,
por
ello
no
hay
motivo
todavía
para
el
pesimismo.
Finalizo
diciendo
que
nuestro
cerebro
es
el
único
lugar
donde
tiene
sentido
la
inscripción
del
templo
de
Apolo
en
Delfos:
Conócete
a
ti
mismo.
Para
ello
es
esencial
cruzar
el
bosque
galáctico/cerebral
que
imaginó
Cajal,
identificando
cada
uno
de
los
elementos
de
ese
bosque
animado
poblado
con
nuestra
propia
vida.
Muchas
gracias.
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