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JOSÉ ANTONIO CABEZAS FERNÁNDEZ DEL CAMPO AN. R. ACAD. NAC. FARM.
Dada la complejidad génica del «nuevo» virus, se pensó, lógica-
mente, que no existiría inmunidad significativa en los seres huma-
nos respecto a él; pero en el otoño de 2009 se ha publicado que sí
hay cierto grado de inmunidad, previamente adquirida, en algunos
sectores de población, dependiendo de la edad.
Pronto se organizó internacionalmente la preparación de vacu-
nas adecuadas, optándose por utilizar las técnicas tradicionales con
huevos de gallina, preferentemente con virus inactivados, y usándose
en la mayoría de ellas adyuvantes que incrementan su poder inmu-
nógeno.
En España, a mediados de noviembre de 2009, se inició la
campaña de vacunación, estableciéndose una prioridad para los
denominados «grupos de riesgo». De forma sorprendente, la acepta-
ción de la vacunación ha sido menor de la esperada, incluso entre el
personal sanitario (e igual ha sucedido en Francia).
También se consideró conveniente prever la utilización adecuada
(restringida a casos graves de hospitalizados, para evitar la aparición
de cepas resistentes) de los agentes antivirales oseltamivir (tami-
flu) y zanamivir (relenza), los cuales interrumpen el ciclo biológico
del virus por inhibir la enzima de éste llamada neuraminidasa (o
sialidasa), cuya actividad es indispensable para la liberación de los
viriones recién formados de la superficie externa de la dañada célula
hospedadora.
A la vista de la comprobada benignidad de la temida pandemia,
a comienzos del año 2010 se ha estimado por ciertos sectores
(también algunos sanitarios) que se había exagerado por parte
de los organismos internacionales responsables el riesgo de la
misma, achacando tal actuación a los intereses de las compañías
farmacéuticas fabricantes de vacunas.
Los responsables de los organismos oficiales han acreditado
que las medidas adoptadas eran las razonables ante un peligro
desconocido, que aún no está desaparecido y que puede incluso
aumentar si resultaran cepas más patógenas por mutación o por
reagrupamiento del «nuevo» virus con el H5Nl, causante de la gripe
aviar, o con el H9N2. Consideran que con las medidas tomadas
se han evitado los errores cometidos en 1918-19, en que (además de
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