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M.
TERESA
MIRAS
Junta
de
Gobierno
y
todos
y
cada
uno
de
los
académicos
que
integran
nuestra
Institución.
Es
de
justicia,
además
del
afecto,
mencionar
a
todo
el
personal
de
la
Academia,
que
con
su
buen
hacer
permite
el
funcionamiento
diario
de
una
institución
desbordante
de
actividad
y
con
vocación
expansiva
y
vitalista,
son
ellos
los
que
cuidan
de
todos
los
detalles
y
hacen
que
nos
encontremos
a
gusto.
Entre
todos,
y
solamente
entre
todos,
podremos
hacer
frente
a
estos
años
difíciles.
Hemos
vivido
otras
travesías
singulares,
y
el
temporal
casi
galerna,
que
hemos
de
cruzar,
quizás
tenga
la
virtud
de
ponernos
alerta
para
optimizar
con
inteligencia
y
solidaridad
nuestros
recursos.
Este
acto
de
apertura
tiene
un
cierto
componente
de
nostalgia
pues
sentimos
la
ausencia
de
nuestros
compañeros
académicos:
Don
José
Luis
Vila
Jato,
maestro
indiscutible,
renovador
e
impulsor
de
la
tecnología
y
nanotecnología
farmacéutica
y
Don
Guillermo
Tena,
eminente
toxicólogo,
quien
en
un
acto
de
generosidad
y
grandeza,
cuando
le
alcanzó
la
edad,
renunció
a
su
plaza
de
Académico
de
Número,
pasando
a
supernumerario,
para
según
sus
palabras
dar
paso
a
los
jóvenes
que
pudieran
realizar
una
labor
fecunda
y
que
hicieran
avanzar
nuestra
Academia.
Recordémosles
con
las
palabras
de
Don
Francisco
de
Quevedo:
¡Cómo
de
entre
mis
manos
te
resbalas!
¡Oh,
cómo
te
deslizas,
edad
mía!
Alma
a
quien
todo
un
Dios
prisión
ha
sido,
Venas
que
humor
a
tanto
fuego
han
dado,
Médulas
que
han
gloriosamente
ardido.
Ellos
vivirán
en
nuestra
memoria
y
forman
parte
de
nuestra
noble,
trabajada
y
fecunda
historia.
Hoy
tenemos
el
privilegio
de
disfrutar
de
la
compañía
de
Don
Raúl
Guerra
Garrido,
a
quien
se
ha
distinguido
con
el
más
alto
honor
de
nuestra
Academia:
La
Medalla
Carracido
de
Oro.
Pertenece
Don
Raúl
a
esa
estirpe
de
Farmacéuticos
humanistas,
grandes
escritores,
de
los
que
nos
sentimos
legítimamente
orgullosos,
no
olvidemos
que
Dante
Alighieri
y
León
Felipe,
también
boticarios
le
han
precedido.
Todos
los
miembros
de
esta
Academia
y
los
aquí
presentes
soñamos
con
encontrar
ese
cuaderno
secreto
donde
un
antepasado
boticario
nos
transporte
a
un
mundo
casi
extinto
pero
cuyas
señas
de
identidad
nos
resultan
tan
entrañables,
tan
humanas,
cargadas
de
enseñanza
cotidiana
y
de
humor,
como
la
vida
misma.
Y
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