Artículo de Revisión

De las colecciones privadas a la exhibición pública: los primeros pasos de los museos hispanos de farmacia (1923-1951)

From private collections to public exhibition: the first steps of Hispanic pharmacy museums (1923-1951)

Antonio González Bueno

Director del Museo de la Farmacia Hispana (UCM). Universidad Complutense de Madrid

Alejandra Gómez Martín

Conservadora del Museo de la Farmacia Hispana (UCM)

 

 

An Real Acad Farm Año 2025. Volumen 91, número 4 pp. 379-391 DOI: 10.53519/analesranf.2025.91.04.05

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Antonio González Bueno y Alejandra Gómez Martín. De las colecciones privadas a la exhibición pública: los primeros pasos de los museos hispanos de farmacia (1923-1951). ANALES RANF [Internet]. Real Academia Nacional de Farmacia; An. Real Acad. Farm. · Año 2025 · Volumen 91 · Número 04, pp. 379-391.


Antonio González Bueno y Alejandra Gómez Martín. From private collections to public exhibition: the first steps of Hispanic pharmacy museums (1923-1951). ANALES RANF [Internet]. Real Academia Nacional de Farmacia; An. Real Acad. Farm. · Año 2025 · Volumen 91 · Número 04, pp. 379-391.

 

Recibido el 21 de octubre de 2025.

Aceptado el 27 de octubre de 2025.

Resumen

La aparición de museos de farmacia, en la España de los comienzos del siglo XX, se debió a tres factores singulares. En primer lugar, un afán coleccionista vinculado a la legitimación de la actividad profesional farmacéutica, en unos momentos en que la presencia del medicamento de fabricación industrial en el mercado hizo tambalear el fiat secundum artem que, hasta entonces, había constituido la enseña del trabajo farmacéutico. Se unió a este hecho el acceso, en 1915, de Rafael Folch Andreu (1881-1960) a la Cátedra de Historia de la Farmacia y Estudio Comparativo de las Farmacopeas Vigentes establecida en la Universidad Central para los estudios de doctorado, lo que supone la profesionalización de los cultivadores de la Historia de la Farmacia y su participación en reuniones y congresos internacionales. Vinculado a esta última circunstancia queda la intervención hispana en los congresos organizados por la International Society for the History of Pharmacy, fundada en 1926, en particular el primero de ellos, celebrado en 1929 en Berlín, donde de manera simultánea tuvo lugar, en el Schlossmuseum, una exposición bajo el título Kunst- und Kulturgeschichtliches aus alten Apotheken.

Palabras clave: Museología, Museos de Farmacia, Historia de la Farmacia, España, Siglo XX


Abstract

The emergence of pharmacy museums in early 20th-century Spain was due to three unique factors. First, a collecting zeal linked to the legitimization of professional pharmaceutical activity, at a time when the presence of industrially manufactured medicines on the market undermined the fiat secundum artem that, until then, had been the hallmark of pharmaceutical work. This was compounded by the accession, in 1915, of Rafael Folch Andreu (1881-1960) to the Chair of History of Pharmacy and Comparative Study of Current Pharmacopoeias established at the Central University for doctoral studies, which meant the professionalization of those studying the History of Pharmacy and their participation in international meetings and conferences. The Hispanic participation in the congresses organized by the International Society for the History of Pharmacy, founded in 1926, is particularly linked to the first congress held in 1929 in Berlin, which included a simultaneous exhibition entitled Kunst- und Kulturgeschichtliches aus alten Apotheken at the Schlossmuseum.

Keywords: Museology, Pharmacy Museums, History of Pharmacy, Spain, 20th Century

1. Entre la docencia y el reconocimiento público de la profesión farmacéutica: los museos de Farmacia en la Europa de la primera mitad del siglo XX

En el verano de 1926 (18/08), el austriaco Ludwig Winkler (1873-1935), los alemanes Fritz Ferchl (1892-1953), Georg Urdang (1882-1960) y Walther Zimmermann (1890-1945) y el norteamericano Otto Raubenheimer (1867-1946) fundaran, en Innsbruck, la International Society for the History of Pharmacy (1). Esta sociedad comenzó a publicar, en 1927, The Lectures of the General Meeting of the Society for the History of Pharmacy y, en 1929, organizó su primera reunión internacional en Berlín (2). Al albur de la profesionalización de la Historia de la Farmacia comienzan a florecer en Europa los museos vinculados a esta disciplina.
Uno de los más antiguos en su género —y más emblemáticos— es el Pharmazie Historisches Museum Basel, fundado en 1924 sobre la colección privada de Josef Anton Häffliger (1873-1954), e instalado en una antigua casa conocida como ‘Zum Vorderen Sessel’. Las concepciones museográficas de J.A. Häffliguer (1873-1954) sobre cómo ha de concebirse una institución de este tipo, tuvieron un fuerte peso en las construcciones posteriores, entre ellas las españolas, que bebieron en esta fuente para la planificación y el diseño de sus instalaciones (3).
En 1938 se inauguró, en Múnich, el Deutsches Apothekenmuseum, sobre las colecciones privadas de los Rath, antiguos propietarios de la Vial & Co. Uhlmann, y de los Heinrici; la Segunda Guerra Mundial causó daños irreparables en estas colecciones que, trasladadas de manera temporal al Palacio Episcopal de Bamberg, acabaron formando parte del actual Deutsche Apotheken-Museum establecido, desde 1958, en el Palacio Ottheinrich de Heidelberg (4).
El Royal Pharmaceutical Museum es sensiblemente anterior, data de 1842; fue fundado a instancias de la Royal Pharmaceutical Society, unos meses después de establecida esta sociedad. Conoció un notable desarrollo en 1937; sin embargo, perdió importancia en la década de 1950, al extremo de ser trasladado a la Universidad de Bradford, en 1965, desde donde pasó a los Kew Gardens. En 1977 la Royal Pharmaceutical Society —y con ella el museo— se estableció en el edificio ubicado en Lambeth, donde actualmente se encuentran instalados (5, 6).
De 1936 data, también, el Lietuvos medicinos ir farmacijos istorijos muziejus [Museo de la Historia de la Medicina y Farmacia Lituana], fundado por Alfonsas Kaikaris (1922-1997) tomando como base su colección personal. La ocupación de Lituania por la Unión Soviética, en 1940, dificultó el funcionamiento de este centro hasta que, en 1957, Alfonsas Kaikaris retomara el interés por su actualización. En 1987 el museo se trasladó a un edificio del siglo XVI, en el casco antiguo de Kaunas (Lituania) (7).
El Muzeum Farmacji Collegium Medicum Uniwersytetu Jagiellońskiego [Museo de Historia de la Farmacia de Cracovia. Colegio Médico de la Universidad Jagiellonian] fue fundado en 1946, gracias a los desvelos de Stanislao Pron (1892-1971). Su instalación actual data de 1980, donde ocupa un edificio construido en el siglo XV (8).
La idea de formar un Museu da Farmácia Portuguesa se gestó en 1940; surgió, como la de tantos otros centros de índole similar, ligada a la organización de exposiciones y conferencias en el ámbito de la Historia de la Farmacia. Su embrión se encuentra en la cesión de la colección personal de Carlos Salgueiro Basso (1935-2005) a la Associação Nacional das Farmácias [ANF], si bien habrá que esperar a 1981 para que esta asociación profesional portuguesa tomara bajo su directa responsabilidad el establecimiento de un espacio museístico, inaugurado en 1986 (9).
En 1954 abrió sus puertas el Muzeul Farmaciei de Cluj-Napoca (Rumanía), vinculado al Muzeului Național de Istorie a Transilvaniei, en la más antigua farmacia de la localidad: la casa Hintz; su origen es la colección de objetos del profesor Iuliu Orient (1869-1940). Este mismo año se inauguró un espacio propio para la Farmacia en el Museo di Storia della Medicina dependiente de la Sapienza Università di Roma; la colección farmacéutica se debe, en buena parte, al legado que en 1947 realizara el cantante de ópera Evan Gorga (1865-1957); albarelos y vidrios de manufactura italiana procedentes de Faenza, Deruta, Caltagirone y Cafaggiolo se unieron a la colección Sarnelli, compuesta en gran parte por plantas medicinales, y al botamen de la colección Neuschuller.
El listado de museos dedicados a la actividad farmacéutica podría alargarse con más ejemplos; prácticamente todos los países de nuestro entorno cultural cuentan con un museo dedicado a esta actividad profesional (10-14).
Convendrá señalar solo dos elementos comunes: su génesis a partir de la profesionalización de la Historia de la Farmacia como disciplina científica, tras la fundación de la International Society for the History of Pharmacy, y su origen gestado sobre las colecciones personales de quienes serían sus primeros directores. Su finalidad no es homogénea y tiene bastante relación con las instituciones a las que quedan asociados: aquellos dependientes de las universidades son concebidos con una finalidad de carácter docente; los vinculados a agrupaciones e instituciones profesionales giran en torno a la justificación social de la actividad farmacéutica.

2. El Museo de Farmacia Militar: elemento reivindicativo del ejercicio profesional

En marzo de 1925, el subinspector farmacéutico Joaquín Ezquerra del Bayo y García de Valladolid (1863-1942) escribía en las páginas del Boletín de Farmacia Militar:
“En un grupo de compañeros entusiastas de la profesión [farmacéutica] ha germinado la idea de crear un pequeño Centro donde puedan reunirse cuantos elementos sirvan para enaltecer la Facultad a que pertenecemos y conservar la memoria de quienes se distinguieron en servicio del Ejército […]
Esta idea hace ya años la han realizado países más progresivos que el nuestro, donde, si se cuida preferentemente de la vida económica del farmacéutico, no se olvidan cuantos medios tiendan a hacerle respetable entre sus conciudadanos […]
Estas líneas se dirigen, por tanto, a todos los compañeros, para que, si quieren contribuir a la realización del proyecto indicado, remitan al Laboratorio Central aquello que, dado de baja, aún perdure y juzguen aprovechable a tal fin, uniendo a esto cuanto puedan reunir entre los amigos que ejercen la profesión civil. Con un poco de constancia puede conseguirse un modesto conjunto que sea de utilidad y prestigio de la Corporación” (15).
Sembraba así la semilla de lo que, tiempo después, constituiría el Museo de Farmacia Militar; sus primeros fondos se entroncan con las exposiciones nacionales e internacionales en la que, desde la década de 1920, venía participando la Farmacia Militar.
Basten algunos ejemplos que nos ayudarán a conocer la composición del “grupo de compañeros entusiastas” a los que hacía referencia Joaquín Ezquerra del Bayo en las líneas que anteceden: en 1923, con ocasión de la celebración, en Salamanca, del IX congreso de la Asociación Española para el Progreso de las Ciencias, el teniente coronel Ciro Benito del Caño (1872-1945) y el capitán Rafael Roldán Guerrero (1888-1965), instalaron unas vitrinas con los productos elaborados en las instalaciones del Laboratorio de Medicamentos del Ejército, junto a ellos figuran otros expositores con los ciclos evolutivos de los medicamentos arsenicales, de bismuto, hierro y plata (16). En 1927, en esta ocasión en Cádiz, en el Parque del Genovés, con motivo del XI Congreso de la Asociación Española para el Progreso de las Ciencias, el farmacéutico mayor Luis Benito Campomar (1888-1981) presentó una estufa de cultivos con regulador automático y Rafael Roldán un furgón de farmacia de tracción hipomóvil (17). En 1933, durante la celebración del VII Congreso Internacional de Medicina y Farmacia Militares, Rafael Roldán expuso, en el Palacio de Cristal de El Retiro, dos modelos de farmacias de los siglos XVI y XVII junto a una gran maqueta del edificio construido en la calle Embajadores de Madrid para albergar las nuevas instalaciones del Laboratorio Central de Farmacia; simultáneamente, en el Palacio de la Minería de El Retiro, ubicó el material relacionado con la farmacia castrense que había acumulado desde 1925: desde una colección de botamen farmacéutico de loza talaverana de los siglos XVII y XVIII, procedentes de la farmacia militar de Ceuta, a una amplia selección de materiales de vidrio: retortas, alargadores, destilatorios, etc.; una colección de aparatos de hierro y bronce del XVIII procedentes del antiguo laboratorio de medicamentos de Málaga, además de algunos cuadros al óleo de quienes habían dirigido la Farmacia Militar desde 1815 hasta la fecha de la exposición y una selección de las obras publicadas por farmacéuticos militares (18, 19).
La organización y exposición de estas piezas tiene, en sus inicios, un valor reivindicativo del estatus profesional del farmacéutico militar, “quedando nuestra profesión al margen, a pesar de tener un abolengo tan antiguo” señalará Joaquín Ezquerra del Bayo en el texto citado líneas atrás, y es que, en el cambio del siglo XIX al XX, el farmacéutico militar, como prólogo de lo que ocurriría en el mundo civil, adquiere un nuevo rol frente a la fabricación del medicamento.
Este Museo de Farmacia Militar nace con un objetivo que aún hoy permanece vigente: difundir las actividades de este Cuerpo del Ejército, tanto en el ámbito militar como en el civil, demandando el reconocimiento de un prestigio social en progresiva caída desde el inicio de la fabricación industrial del medicamento.
En España, este movimiento reivindicativo, en el que la historia —y con ella los elementos materiales que la sustentan— es empleada como un mecanismo para elevar el prestigio profesional, data de los comienzos de la década de 1920. Rafael Roldán, un capitán que llegaría a ostentar el empleo de general en 1948, participará, en 1921, en el Congreso Internacional de Medicina y Farmacia Militares, celebrado en Bruselas; será entonces cuando le asalte la idea de fundar un museo dedicado a la farmacia castrense (20).
La ocasión se presentaba propicia; los laboratorios de farmacia militar, hasta entonces ubicados en la madrileña calle Amaniel, se trasladaban a un amplio espacio en la calle Embajadores, unas instalaciones inauguradas en 1927, en las que quien fuera su primer director, Antonio Cánovas Llovet (1869-1960), cedió un espacio para la conservación y exhibición de los materiales históricos acumulados por Rafael Roldán. En 1928 el museo estaba en proceso de instalación, tal como pudieron constatar los participantes en la XVI asamblea de la Unión Farmacéutica Nacional; en su diseño y construcción participaron Ciro Benito y Rafael Roldán. A su museología contribuyó la visita que el farmacéutico mayor Luis Maíz Eleizagui (1880-1967) realizara, en la primavera de 1929, a los museos Welcome, British y Victoria & Albert, con ocasión de la celebración, en Londres, del V Congreso Internacional de Medicina y Farmacia Militares: “… los objetos ya no se exhiben en correcta formación, obedeciendo únicamente para su colocación a la simetría, sino que se trata de presentarlos en forma que se aproximen lo más posible a la realidad” (21).
El propio Rafael Roldán consignará la instalación del Museo de Farmacia Militar en una intervención realizada en diciembre de 1941 en la Real Academia de Farmacia:

“… fué hacia 1920 cuando empecé mis trabajos de recolección de datos, documentos, materiales, retratos, libros, utensilios, etc., etc., que fui guardando amorosamente en espera de que se presentase una ocasión propicia, para con todo aquel arsenal de objetos llegar a la formación del anhelado Museo de Farmacia Militar. Tuve que luchar con muchas dificultades, ciertamente, y hasta con la incomprensión de aquellos —nunca faltan— que se reían de mis proyectos; pero en 1934 tuve la suerte de que el por entonces Director del Laboratorio y Parque Central de Farmacia Militar […] el doctor D. Joaquín Mas-Guindal, se hiciera eco de mis pretensiones y me diera toda clase de facilidades para instalar en dicho Centro el aludido Museo, pues yo aspiraba a que estuviese en la casa solariega de los farmacéuticos militares…” (22).

En los años anteriores a la Guerra Civil, Rafael Roldán ‘reconstruyó’ un primer laboratorio iatroquímico, simulación del que habría sido establecido en 1693 en la madrileña calle del Tesoro, próximo al antiguo Alcázar, y la botica del Hospital Militar de Ceuta, al modo en que debió estar en funcionamiento en el siglo XVIII (23, 19, 24).
Esta primigenia instalación conoció sucesivas ampliaciones hasta que, junto a los laboratorios de farmacia militar, fuera trasladado, en 2015, al Centro Militar de Farmacia, en su sede actual de Colmenar Viejo (Madrid), donde ha renovado su museografía y cambiado su discurso museológico, haciendo un recorrido cronológico a través de las piezas expuestas.

3. El Museo de Farmacia Hispana: un espacio para la docencia y la investigación

En su esfuerzo por estudiar cuánto de valor histórico se conservara en colecciones hispanas de material farmacéutico, Rafael Roldán y Ciro Benito publicaron, en 1928, un catálogo preliminar de cerámica farmacéutica; en él manifestaban su temor a la desaparición del patrimonio farmacéutico:

“Hay, pues, que evitar a todo trance que los farmacéuticos españoles no se interesen en el estudio de cuantas vasijas o material farmacéutico antiguo pase por su mano […] Todo menos que por indolencia dejemos que salga de nuestro país lo que constituye el mayor galardón de nuestra historia, y cada farmacéutico debe ser un defensor celoso de la gloriosa tradición de nuestra profesión…” (25).

Meses después, en los inicios de febrero de 1929, con ocasión de un viaje a Alemania, Rafael Roldán escribirá una crónica para la sección “De arte y ciencia” del periódico madrileño ABC, sobre los museos de farmacia de Núremberg y Múnich:

“Admirables por todos conceptos son las instalaciones de diversa índole que presentan los renombrados Museos de Nuremberg y Munich […] Al contemplar las magníficas instalaciones de Alquimia y Farmacia de los Museos citados, entristece el ánimo pensar que en España no poseemos cosa semejante […] ¿Se perderá lo existente por el abandono e incuria de los hombres? Seguramente, no. Un profesor meritísimo, el doctor D. Rafael Folch y Andreu, se ocupa en la actualidad con paciencia de benedictino en recolectar cuanto de notable y de interés histórico para la Farmacia se conserva aún en nuestra Patria, para poder formar en su día, cuando esta Facultad se traslade a la futura Ciudad Universitaria, un Museo de Farmacia retrospectiva que igualará seguramente a lo ya descrito de los Museos alemanes…” (26).

Las afirmaciones de Rafael Roldán tienen su contrapunto en las palabras que Rafael Folch Andreu dejó anotadas en la prensa profesional hispana tras su participación en el Congreso de Historia de la Farmacia celebrado, en Basilea en 1934; allí, al amparo de la Gesellschaft für Geschichte der Pharmazie y bajo la tutela de Josef Anton Häffliger, fundador del Pharmazie Historisches Museum Basel, se acordó la conveniencia de implantar la enseñanza de Historia de la Farmacia en todas las universidades y un museo nacional de farmacia en cada país: Rafael Folch mostrará una triste perspectiva de la situación en España:

“… hace unos años hicimos con nuestro amigo Sr. Roldán para que los farmacéuticos españoles nos prestaran ayuda en la instalación de un Museo de Historia en nuestra Facultad. Pocos acudieron al llamamiento […] motivaron un decaimiento tan grande en mi ánimo que me impidió el que renovara la petición, razón por la que nuestro Museo sigue una marcha muy lenta, ya que me limito a adquirir todo aquello que me es posible, dados los pocos recursos con que cuenta para ello la Facultad […] Häfliger, en una cena, dijo que cada nación debería escoger un lugar donde centralizar en un Museo histórico de carácter nacional las riquezas farmacéuticas pretéritas que hoy se hallan dispersas…” (27).

Sus palabras fueron refrendadas por Josef Anton Häfliger, quien visitó España en los meses anteriores a la Guerra Civil; sus impresiones fueron leídas, en diciembre de 1941, en el seno de la Real Academia de Farmacia:

“El Congreso Internacional de Historia de la Farmacia celebrado en Basilea en 1934 […] reconociendo el valor que como testimonio o fuente de conocimiento histórico tienen estas antigüedades farmacéuticas, le dedicó especial atención y recomendó coleccionarlas y exponerlas sistemáticamente. De ahí que en dicha Asamblea se adoptase por unanimidad la proposición de que: «Cada país procure instalar por sí mismo, en un edificio destinado a esta clase de exposiciones, un Museo histórico de la Farmacia, de carácter puramente nacional».

Colecciones o museos de esta naturaleza los tienen ya Ámsterdam y Copenhague, desde 1887; París y Londres, desde 1913; Bruselas, desde 1924, y Oslo y Moscovia, desde 1936. Austria, Dinamarca y Alemania también los poseen, y Yugoslavia y América trabajan en la actualidad para fundarlos.

«Séame permitido, por tanto, promover en las siguientes líneas una a modo de discusión sobre el plan que debería seguirse para conseguir esta finalidad…» (28).

Este mismo año de 1934, Rafael Folch publicó, a tenor de un donativo efectuado por Lorenzo Diez Giménez, director gerente del Centro Farmacéutico Asturiano, un breve texto donde daba cuenta de los materiales conservados en el caserón de la madrileña calle de la Farmacia, almacenados a la espera de ser instalados en el nuevo museo que habría de ubicarse en la Ciudad Universitaria:

“…. quiero agradecer públicamente al donante por el regalo con que me ha honrado, y manifestarle que, para asegurar su conservación, lo he depositado, convenientemente exornado, en la Facultad de Farmacia de Madrid. Figura pues en el Museo de Historia de la Farmacia Española que desde hace algunos años estoy organizando y que hoy ya cuenta con numerosísimos objetos, algunos de gran valor, que el día de mañana encontrarán sitio adecuado y digno, en el edificio que para la Facultad se ha levantado en la Ciudad Universitaria […] Sirvan estas líneas de llamamiento a todos los farmacéuticos y en especial a los asturianos, quienes, como oriundos de la región donde empezó la Reconquista, han demostrado siempre gran amor a la Patria; y patriótico es el contribuir a reunir en un Museo todo el material de la Farmacia española pretérita que se encuentra diseminado y que poco a poco sale furtivamente por las fronteras para enriquecer a los Museos extranjeros. Tenga en cuenta el farmacéutico que posee objetos antiguos de Farmacia a los que rinde devota veneración, que con el tiempo caerán en manos de otros que no sentirán igual afecto, ni por la profesión, ni por la historia y, que por ello entenderán que es mejor convertirlos en unas miserables pesetas, cuando, desde el punto de vista espiritual, no son los objetos de esta índole susceptibles de tasación. Mayormente, pueden y deben desprenderse de ellos, en bien de la cultura española, aquellos que consideran que no poseen valor alguno los objetos pretéritos de Farmacia que a ellos pertenecen. Cosas sin importancia para unos, pueden ser de gran aprecio para los demás…” (29).

En los días previos a la Guerra Civil, el traslado de estos enseres a la Ciudad Universitaria era prácticamente un hecho:

“En efecto: en octubre de 1936 debía trasladarse nuestra Facultad a los amplios locales que para ella se habían construido en la Ciudad Universitaria […] aquel nuestro hermoso edificio, como los demás de dicha Ciudad, ha sufrido los rigores de la guerra en extremo tal, que tendrá que rehacerse mucho de lo que estaba a punto de ser inaugurado…” (30).

El pensamiento de Josef Anton Häfliger se hace patente en el diseño del Museo de la Farmacia Hispana:

“Ahora bien, si se quiere, con la ayuda de este material, elevar la arqueología farmacéutica a una verdadera disciplina, entonces será necesario prescindir de eventuales apilamientos. Nuestros museos deben ser, en primer término, colecciones para la enseñanza; y después, lugares de investigación. Para ello, y con arreglo a un programa circunscrito, habría que proceder metódicamente y coleccionar y exponer sistemáticamente […].
Con toda la acentuación del carácter nacional de la obra, hay que descubrir y señalar, no obstante, influencias y relaciones de dependencia históricas, geográficas, culturales y de orden práctico que pongan de manifiesto la conexión de la Farmacia universal, que ni está limitada por el tiempo ni por el espacio […]. Los más directamente interesados en este Museo serán los estudiantes, los profesores, los pertenecientes a la profesión y los científicos en el sentido amplio de la palabra. Todos ellos lo utilizarían como un instituto docente y de investigación. Este ensanchamiento del dominio de la enseñanza farmacéutica prestaría, entre otros, el servicio de preparar a los jóvenes colegas para peritos en arqueología farmacéutica y para conservadores, lo cual es ya una importante y nueva tarea para el porvenir.
Pero sobre todo sería el Museo, para la masa general de los visitantes, el medio más adecuado de instrucción respecto de la posición social y actividades de la Farmacia […] Cuanto más capacitado se halle un Museo para esta labor social, tanto más rico debe ser su contenido. Esto lleva consigo que ha de ser considerado como institución pública, y, por ende, accesible gratuitamente para todos…” (31).

Sobre estas bases museísticas se construyó el Museo de la Farmacia Hispana en su actual ubicación: la Facultad de Farmacia sita en Ciudad Universitaria, rehabilitada e inaugurada en 1943. La espoleta detonante fue la celebración, en el edificio de la Facultad de Farmacia madrileña, del I Congreso Hispano Portugués de Farmacia, en la primavera de 1948. Los asistentes pudieron disfrutar de una exposición aneja al evento, organizada por Rafael Roldán Guerrero, para la que se utilizaron 888 m2 distribuidos entre las plantas baja y sótano del edificio de la Facultad madrileña (32). Por vez primera se abría al público la denominada ‘Sección de Historia’, en lo que sería la sala principal del futuro Museo de la Farmacia Hispana: se había instalado ya la copia de la botica del Hospital Tavera y la botica dieciochesca de Antonio Gibert, procedente de Torredembarra. El Museo de la Farmacia Hispana fue oficialmente inaugurado en 1951, con la distribución de las vitrinas y la forma de exponer los objetos que perdura aún hoy (33). Las piezas están ordenadas por técnicas artísticas o por tipologías de objetos, exponiéndose toda la colección de forma abigarrada, tal y como eran las pautas museográficas de esos años (34-37).

4. Un proyecto frustrado: el Museo Farmacéutico Nacional de la Academia

Los primigenios Estatutos de la Real Academia Nacional de Farmacia, aprobados en el verano de 1932 (O.M. 16/06/1932. BOE, 21/06/1932), establecen entre los fines propios de la institución la organización de un museo farmacéutico (art. 3.N). Para hacer realidad este objetivo, en 1933, Francisco Javier Blanco Juste (1882-1953) propuso, en una de las reuniones académicas, reunir todos los objetos materiales y documentos históricos de carácter farmacéutico repartidos por España y en trance de desaparecer (38, 39). La iniciativa fue nuevamente comentada en la Junta de Gobierno celebrada el 15 de noviembre de 1933, a raíz de un artículo publicado por F.J. Blanco Juste en las páginas de El Restaurador Farmacéutico (40), donde idealizaba sobre la fundación de un ‘Museo Farmacéutico Nacional’, distribuido en seis salas, con un espacio propio:

“En la Ciudad Universitaria, en un pabellón de la espléndida Facultad de Farmacia o en el local que se deja en la calle de la Farmacia. Urdiendo, en cualquier sitio, me inclino más a la calle de la Farmacia, es típico, ancestral, muy suyo, allí podría instalarse el imaginado ‘Museo Farmacéutico Nacional” (41).

En esta misma sesión, Aurelio Gamir Sanz (1878-1964), académico correspondiente, que ya había donado una reproducción de la botica del Hospital del Cardenal Tavera al Museo de la Farmacia Hispana, sugirió organizar una suscripción para subvencionar los gastos ocasionados por la puesta en funcionamiento de este futuro museo (42).

Nada más volvió a tratarse al respecto hasta que, en la sesión del 12 de diciembre de 1941, Josef Anton Häffliger, académico correspondiente extranjero, disertará, a través de la voz de Eduardo Tirado Ruiz (1869-1948), sobre la conveniencia de fundar un Museo Español de Historia de la Farmacia (43), instando a la Real Academia a que actuara como catalizador.
Su propuesta tuvo respuesta, en esa misma sesión académica, por parte de Rafael Foch Andreu y Rafael Roldán Guerrero; el primero le comunicó la pronta inauguración del Museo de la Farmacia Hispana, ubicado en la nueva Ciudad Universitaria, cuya apertura se había retardado a consecuencia de la Guerra Civil (44); el segundo, comentó la fundación del Museo de la Farmacia Militar, en Madrid (45).
Pese a todo, la Academia Nacional de Farmacia mantuvo siempre, entre sus fines, el deseo de disponer de un museo o gabinete de recuerdos; fueron especialmente significativos los esfuerzos de Rafael Roldán a tal efecto realizados en los finales de la década de 1940. En 1969, bajo los auspicios de Ángel Santos Ruiz (1912-2005), se formó una comisión destinada, una vez más, a estudiar la posible instalación de un museo académico; su primera instalación física no tuvo lugar hasta 1981, conoció una reubicación y remodelación en enero de 1994 (46, 47, 8).

5. De colección privada a elemento identitario: el Museo Cusí

Joaquím Cusí i Furtunet (1879-1968), farmacéutico, propietario de Laboratorios del Norte de España, fundados en 1915, fue uno de los grandes coleccionistas de la España anterior a la Guerra Civil; en 1924 adquirió la botica del Monasterio benedictino de Santa María la Real de Nájera (Logroño) (48). Tras el traslado de la empresa, en 1925, al Masnou (Maresme), donde todavía se encuentra instalada, destinó un espacio para la reubicación de la farmacia monástica a la que adicionó algunas salas para mostrar su colección de libros, utensilios y aparatos médicos y farmacéuticos pretéritos. El Museo quedó finalmente instalado en 1929 y, desde entonces, se convirtió en referente identitario de los Laboratorios del Norte de España y visita obligada de cuantos eventos realizara la profesión farmacéutica en el ámbito catalán (49).
En 1931 comenzó a editar la revista Analecta Terapéutica, órgano de información de Laboratorios del Norte de España; en ella, Joaquim Cusi instauró la sección ‘Museo en formación’, un espacio destinado a insertar información sobre las donaciones y adquisiciones del Museo de Farmacia y Medicina retrospectivas (50).
En 1968 Laboratorios Cusí, nuevo nombre que adoptaron estas instalaciones tras la muerte de su fundador, pasaron a ser propiedad del grupo Alcon, a excepción del Museo Cusí, que fue cedido por las herederas a la Real Academia de Farmacia de Cataluña, a quien corresponde la propiedad actual del Museo, si bien es la empresa farmacéutica (actualmente el grupo Novartis) quien se ocupa del mantenimiento y la difusión del centro.

6. Espacio para el turismo: la recreación de farmacias como elementos de exhibición pública

El Museo Cusí no es la única colección farmacéutica singular expuesta al público en el territorio hispano durante los años de nuestro interés. En 1929, con motivo de la Exposición Internacional celebrada en Barcelona, se levantó una estructura denominada ‘Pueblo Español de Monjuich’, en ella se ubicó una botica en la que se dio cabida a colecciones de cerámica farmacéutica y vidrio; entre ellas, piezas de la botica Balvey y una amplia serie de botes cerámicos de muy variada procedencia, con series de alfares de Barcelona, Valencia, Paterna, Villafeliche, Teruel y Talavera, junto a una amplia representación de frasquería y botillería farmacéutica, propiedad del Colegio de Farmacéuticos de Barcelona (51).
A fines de 1932 (18/12) se inauguró como museo la antigua farmacia de la Cartoixa de Valldemossa, instalada en una de las capillas del claustro; al mismo tiempo se abría a los visitantes la iglesia y su sacristía. Esta botica fue fundada entre 1723 y 1725 y mantuvo su actividad hasta el 1895; no solo sirvió de farmacia de la comunidad religiosa, sino que, a partir de 1835, como consecuencia de la desamortización de la Cartuja, amplió sus servicios al ámbito municipal. El espacio recreado en el claustro conserva los utensilios propios de estos establecimientos en tiempos de la Ilustración: botes, cajas, retortas, arquetas, destiladores, balanzas, morteros, etc. (52).
También con tintes de carácter lúdico se restauró, en los primeros años de la dictadura franquista, la botica del Monasterio de Santo Domingo de Silos; las redomas, el mortero y algunas otras piezas procedentes de la desamortización fueron adquiridas con destino al Museo de la Farmacia Hispana, donde aún se conservan; no así el mobiliario, la cajonería, la biblioteca, el botamen y los utensilios empleados en los procesos de destilación con los que se elaboró un remedo de la que debió ser ese lugar en los tiempos de la Ilustración española (53).
Estas estructuras, idealizadas en muchos casos, construidas con fines eminentemente turísticos, alcanzaron un especial auge en los primeros años del franquismo autocrático, como parte de la campaña emprendida bajo el lema ‘Visit Spain’ (54).

7. Corolario

Los esfuerzos por establecer museos de farmacia en nuestro país se inician en los comienzos de la década de 1920 y tienen sus premisas ideológicas en los congresos internacionales de Farmacia: la fundación del Museo de Farmacia Militar se formula tras la participación de Rafael Roldán en el Congreso Internacional de Medicina y Farmacia Militares, celebrado en Bruselas, en 1921, cuya plasmación hispana será el Museo de Farmacia Militar inaugurado en 1934; la idea de fundar un Museo de la Farmacia Hispana recibirá su espaldarazo definitivo tras la participación de Rafael Folch Andreu en el Congreso de Historia de la Farmacia celebrado, en Basilea, en 1934, donde se perfila la impronta de Josef Anton Häffliger, que habría de impregnar la museística del Museo de la Farmacia Hispana, concebido en 1936 pero no inaugurado hasta 1953.
Ambas instalaciones, pergeñadas en la década de 1920, hubieron de esperar los tiempos favorables que les permitieran ocupar los espacios en los que exponer las colecciones generadas durante décadas: en el caso de la farmacia militar, el traslado de sus instalaciones fabriles a la calle Embajadores, inauguradas en 1927; en el caso de la farmacia civil, la nueva construcción de la Ciudad Universitaria, dispuesta para ser abierta en el otoño de 1936, pero cuya instalación definitiva se vio retrasada hasta 1951 a consecuencia de las reparaciones necesarias como consecuencia de los desastres producidos durante la Guerra Civil.
Los objetivos perseguidos por estas instalaciones museísticas tienen un elemento común: la defensa del patrimonio, pero divergen en otros. La formulación presentada por los farmacéuticos militares, personificada en el trabajo de Rafael Roldán, hunde sus raíces en la necesidad de reivindicar la actividad profesional del farmacéutico en las Fuerzas Armadas; en el Museo de la Farmacia Hispana, siguiendo las líneas gestadas por Josef Anton Häffliger, Rafael Folch Andreu concedió una importancia singular al sentido docente de la nueva instalación.
Junto a estos modelos de carácter público florecieron algunas iniciativas privadas, como la desarrollada por Joaquím Cusí i Furtunet, la cual tiene en común con las anteriores la idea de proteger el patrimonio farmacéutico y su instalación tras la construcción de nuevas instalaciones, donde las colecciones encuentran cabida para ser expuestas. En este caso, el objetivo propio de la exhibición es servir como elemento identitario de una empresa privada: los Laboratorios del Norte de España.
Un último bloque queda constituido por aquellos espacios reacondicionados como estructuras visitables, en buena parte idealizados y reconstruidos como medio de atraer el turismo, donde encontraron acomodo algunas piezas de valor histórico y que, pese a su carácter eminentemente lúdico, sirven de refugio para una parte del patrimonio farmacéutico.

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Autor para la correspondencia:

Antonio I. González Bueno

e-mail: agbueno@ucm.es

Alejandra Gómez Martín

e-mail: algomez@ucm.es