Comentario Opinión

José Félix Olalla y su libro, La trama del cielo: Un poeta en la Academia

José Félix Olalla and his book, La trama del cielo: A poet at the Academy

An Real Acad Farm Año 2022. Volumen 88 Número 2. pp. 117-122 | DOI: https://doi.org/10.53519/analesranf.2022.88.02.01

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Francisco Javier Puerto Sarmiento. José Félix Olalla y su libro, La trama del cielo: Un poeta en la Academia. ANALES RANF [Internet]. Real Academia Nacional de Farmacia; An. Real Acad. Farm. · Año 2022 · volumen 88 · numero 02:117-122.


Francisco Javier Puerto Sarmiento. José Félix Olalla and his book, La trama del cielo: A poet at the Academy. ANALES RANF [Internet]. Real Academia Nacional de Farmacia; An. Real Acad. Farm. · Año 2022 · volumen 88 · numero 02:117-122.

1. INTRODUCCIÓN

En el año 2011, la Academia entregó la Medalla Carracido, en su clase de oro, a Raúl Guerra Garrido, farmacéutico y novelista, autor multipremiado entre otras distinciones con el Premio Nadal, el de las Letras de Castilla y León y el Nacional de las Letras Españolas.

Once años después, José Félix Olalla presentaba su último libro en nuestra institución. Sin la precisión requerida a un historiador, creo que es la primera vez en la cual se produce tal hecho, por lo cual me pareció oportuno escribir una presentación especial y hoy publicarla en el órgano de difusión académica para dejar constancia, también escrita, de lo sucedido.

2. SOBRE EL LUGAR

Presentar un libro de poemas en una Real Academia no es cuestión novedosa. Hacerlo en una sesión ordinaria de la misma, a mi parecer, lo es mucho.

Las presentaciones poéticas suelen ser acontecimientos casi privados, en ocasiones semiclandestinos, celebrados por lo común en alguna de las librerías con capacidad para hacerlo, en el reservado de un bar o en alguna Casa de Cultura de barrio. Por ello tienen el aire de la complicidad estética compartida, el elitismo del amor a algo en apariencia periclitado, el olor de los libros impresos o de la cerveza muy fría, excepción hecha, claro, de los acontecimientos multitudinarios de jóvenes dedicados al rap o a manifestaciones culturales cuasi ágrafas, valoradas por algunos por su primitivismo tribal o por su importancia económica, pero que a uno se le hace muy cuesta arriba introducir en los fenómenos literarios, ni comparándolos con el dadaísmo y menos con el surrealismo como, en su día, se me hacía cuesta arriba considerar poeta al “pipas”, el electricista de mi pueblo, vate incansable de pareados sin fin, mediante los cuales contaba los acontecimientos de toda La Ribera quien, tras una época sometido a tratamiento médico, perdió su aparentemente inacabable venero versificador.

La Academia –al menos las de ciencias y entre ellas la de Farmacia- no es propicia a estas consideraciones, ni al acercamiento imprescindible entre quienes quieren vibrar al unísono con el corazón del poeta. La Academia debería ser el reino del protocolo y la razón, no el del sentimiento, con el desorden momentáneo causado por el encuentro con los ojos del otro, tan parecidos, siempre a los nuestros.

En este acto, por tanto, conservaremos las formas académicas, acaso más que nunca, porque lo haremos con absoluto respeto a lo que la institución representa y muy contentos de que haya asumido a la poesía como parte constituyente de sí misma, cuestión en absoluto extraña si nos paramos a pensar un poco, pues no hay nada más poético que la compasión, el apasionarse con los otros, y los sanitarios fundamentan su actividad –o deberían hacerlo– precisamente en esa manera de ser capaces de ponerse en el lugar del próximo, para tratar de mejorarle la vida o sanar su enfermedad.

3. SOBRE LA POESÍA

La poesía, desde mi punto de vista, es una de las actividades humanas de mayor mérito y profundidad pues, junto a la filosofía, desenreda y explica al ser humano, en la pluma del poeta y en lo que del poema tienen aquellos que lo escuchan o leen.

No sea esto entendido en detrimento de la ciencia, dedicada a desentrañar la naturaleza por lo menudo para, unas veces ayudarnos en nuestro vivir de muy diversas formas o, en nuestra peor faceta, en la tarea de destruirnos implacablemente mediante la guerra.

Entiéndase como la certeza de que no hay dos culturas, sino una sola y, parafraseando a Marañón, el farmacéutico que solo de ciencia o farmacia sabe, ni de lo suyo conoce.

Un científico no destruido por el engreimiento, ni por el materialismo desbocado al que conduce la petulancia, es un ser eminentemente curioso; repleto de preguntas y con escasas certidumbres. Por tanto nada de lo humano puede serle ajeno y lo más elevado de lo humano es la filosofía y la poesía.

¿Qué entiende uno por poesía?

Si fuera un romántico y me lo preguntara una dulce señora a quien quisiera conquistar, le contestaría lo mismo que don Adolfo: ¿Qué es poesía?, dices mientras clavas/en mi pupila tu pupila azul./¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?/ Poesía…eres tú (1).

Pero Bécquer se hacía trampas en el solitario. Hoy se le considera autor, junto a su hermano Valeriano, de Los Borbones en pelota (2), lo cual dejaría colocado en su justo punto su delicadísima sensibilidad, no ajena a la crítica satírica despiadada, si en realidad fueran los creadores de las láminas.

Borges no se jactaba de lo escrito, sino de lo leído (3) y daba al lector una gran importancia en el acabado del texto pues, sin su lectura e interpretación, quedaría inconcluso.
Ezra Pound, llegó a escribir un manual pedagógico sobre la lectura en donde se ocupa, entre otros asuntos y a su muy peculiar manera, de la métrica y el ritmo (4).
Para mí, quien más bellamente ha definido la poesía es nuestro compañero León Felipe: Deshaced ese verso. Quitadle los caireles de la rima, el metro, la cadencia/ y hasta la idea misma…/Aventad las palabras…/y si después queda algo todavía,/eso/ será la poesía (5).

Para no hacer esto interminable diré que para Gabriel Celaya la poesía es un arma cargada de futuro y por eso, algunos, leímos tanta durante nuestra juventud vivida durante el antifranquismo. Luego me interesó más lo individual que lo social y renegué de los Alberti, Panero o Neruda militantes, en uno u otro bando. No pude hacerlo de Gil de Biedma, demasiado individualista y excepcionalmente bello en su poética como para cubrir casi cualquier defecto, excepto la publicación de sus memorias por sus herederos; de Miguel Hernández me quedo con su elegía a Ramón Sijé y de Lorca con su Poeta en Nueva York; De quienes ahora escriben en la llamada línea clara, entre Luis Alberto de Cuenca y Luis García Montero, prefiero a mi compañero en la Real Academia de la Historia.

Entre los clásicos, y a vuela pluma, destacaría sobre todos a San Juan de la Cruz, sin olvidar al Arcipreste de Hita, a Quevedo o al impresionante Jorge Manrique.

4. SOBRE FARMACÉUTICOS POETAS

Como esta rememoración memorística de nombres y aromas poéticos sólo tiene la finalidad de enmarcar la de nuestro protagonista pasaré a enumerar la breve nómina de quienes tienen la doble militancia de farmacéuticos y poetas.

En primer lugar Casimiro Gómez Ortega, botánico del siglo XVIII, considerado tal por sus contemporáneos y amigotes de la Fontana de Oro, quienes le denominaban botelio, no se sabe a ciencia cierta, si por su afición a la bota o por su aspecto de tal, debido a su extraordinario sobrepeso. Casimiro fue un hombre muy conocido en su tiempo, catedrático Primero del Real Jardín Botánico, director de las expediciones botánicas al nuevo mundo, miembro de las Reales academias de Medicina e Historia y, sobre todo, poseedor de una mítica botica en la calle de la Montera.

Con los réditos de la misma fue capaz de efectuar una política diplomática, nacional e internacional, de hospitalidad madrileña, en largas comidas de más de cinco horas. Su poética es la de un correcto versificador, atenido a las reglas de la métrica y de la rima, carente de cualquier otra finalidad que el halago al monarca reinante o a cada uno de sus amigos. Por eso, pese a tener una cierta familiaridad con su figura al ser su biógrafo, me revuelve el estómago considerarle poeta (6).

El mayor y más conocido de todos, sin lugar a dudas, es León Felipe. Un personaje anárquico, entrañable y lírico en su desvalimiento atolondrado. Sin embargo no deja de ser un epígono, importante eso sí, de Walt Whitman. Sin conocer la obra del norteamericano, la suya es de una grandeza desmesurada. Conociéndola se queda en la magnífica tarea de un gran discípulo.

Pocos más pueden ser incluidos en este elitista apartado: el conquense Federico Muelas (7), hombre de tertulias literarias e iniciativas culturales. La suya es una poética de resonancias religiosas, de angustias íntimas y de lírica descripción de su ciudad natal. Su gran presencia social y la hiperactividad literaria le permitieron recibir importantes premios a lo largo de su vida y ser recordado, en la actualidad, con una estatua en su Cuenca natal. He de reconocer, sin embargo, no haberle leído con la debida intensidad, acaso por el secuestro efectuado por el progresismo izquierdista, durante el franquismo, del ámbito cultural, cuestión que seguiría casi igual si no fuera por algún texto de Andrés Trapiello (8).

Junto a él y a una altura poética similar o superior, está el poeta palentino José María Fernández Nieto, cuya rebotica, en la calle Mayor de su ciudad, fue lugar de encuentro de intelectuales y poetas durante muchos años. Fue autor de unos veinte libros en donde cabían los temas personales y la descripción casi notarial y bellísima, como Miguel Delibes, de un mundo rural castellano en extinción.

Hay un mundo muriéndose/rosa a rosa, palabra por palabra, /un mundo encanecido/ Los brazos se cansaron/ de sostener estrellas, de acariciar el humo, /de proclamar el aire.

O en este otro verso: …y nosotros/que nacimos con ellos en la trébede/también pertenecemos a sus lágrimas (9).

Además de obtener el Premio de las Letras de Castilla y León en 2011, fue presidente de la Asociación Española de Farmacéuticos de Artes y Letras, como quien ahora nos presenta un poemario y como nuestro querido y desaparecido presidente, Juan Manuel Reol.

Entre los extranjeros Georg Trakl, farmacéutico militar alemán. Se suicidó tras la batalla de Grodek, en 1914, durante la primera guerra mundial, al sentirse incapaz de soportar tanta tragedia humana. Su libro Sebastián en sueños y otros poemas (10), forma parte del reducido número de textos que residen permanentemente sobre mi mesilla de noche. El por qué sólo lo puede entender quien haya leído un libro de poesía y le haya conmovido profundamente.

De los actuales citaré solo a Margarita Arroyo, con una producción poética escasa pero exquisita y disculparé mi desconocimiento de los demás pues, aunque soy un gran lector de literatura, no lo soy tanto de poesía (11).

5. SOBRE JOSÉ FÉLIX OLALLA

A José Félix Olalla le conozco desde hace muchísimos años, en la época brillante de AEFLA. Como escribí (12), me pareció siempre un ornitólogo belga con aires aristocráticos. Lo de ornitólogo por estar siempre concentrado en sí mismo, en su trabajo, en los suyos y salir del ensimismamiento invariablemente con tremenda amabilidad y educación –como fantaseo deben hacerlo los ornitólogos o al menos los ornitólogos ingleses decimonónicos-; lo de belga, por el aire despistado como el profesor Tornasol y para darle al personaje mayor barniz cosmopolita y lo de los vestigios aristocráticos porque conocí a su padre, don Claudio Olalla, en la biblioteca de la Real Botica. No sé si era amigo o conocido de mi maestro Guillermo Folch, pero atestiguo su ejemplar discreción y amabilidad, frente al siempre huracanado don Guillermo quien, en nombre de la amistad, se permitía algunas divertidísimas transgresiones, como fotografiar libros únicos a hurtadillas, a lo cual don Claudio reaccionaba con suaves admoniciones y amabilísimo disimulo, frente a la perplejidad del entonces joven profesor ayudante que yo era.

Con José Félix siempre me han ocurrido casualidades curiosas. Cuando iba a preparar estas palabras, adquirí en el Rastro un estudio sobre la comedia Las quinas de Portugal, atribuida a Tirso de Molina (13). En ella se recogen los siguientes versos: Mari Pabros me pedía/ la mía [la mano] de matrimonio/ y yo, como amor la enseño,/dándole a esotra vacía/ burlada se quedaría/ si por Olalla la dejo/ que hay mano que da el pellejo/ pero no la voluntad.

En este caso Olalla no me pidió la mano, -lo cual en este mundo de hoy no tendría mayor novedad- sino presentarle su libro. Con toda mi buena voluntad le propuse hacerlo en esta Real Academia Nacional de Farmacia y el señor Secretario lo convirtió en acto académico, en señal de respeto al autor, a su obra y a la poesía en general, cosa que no da ni el pellejo, ni la voluntad, sino el entendimiento de que nuestra cultura es una y en ella deben estar presentes nuestros poetas.

Nuestro autor lleva publicando poesía desde 1981, más de cuarenta años y, desde mi peculiar punto de vista, cada día escribe mejor y de manera más lírica. Muy a menudo se dice que la ciencia y la poesía es cosa de la primera juventud. Entre mis conocidos y amigos la premisa es falsa y entre mis admirados también, pregúntesele sino al espectro de Goya, maestro genial a los ochenta y un años. Quienes siguen trabajando, cada día lo hacen con mayor exactitud y primor.

De sus primeras obras poco sé. Fueron de gran importancia y una de ellas quedó finalista y fue publicado en la colección de Adonais –conozco su reedición– lo cual es sello y garantía de calidad (14).

Empecé a leerle, sin lugar a dudas, al calor del premio Mario Ángel Marrodán, obtenido el año 1994 con El tiempo intermedio, en donde se hace honor al título. Se evoca lo pasado con serena nostalgia y se tiembla ante lo horrendo de algunos aspectos vitales en poemas como La rosa de los hospitales; Recuerdo de los escritores fracasados o Encuentro en la casa paterna (15).

En 1997 recibe el premio Villa de Martorell por Después de nosotros, en donde, por primera vez, explica la formación del mundo desde la poesía. Desde la explosión inicial hasta la actualidad, pasando por alguna de las más épicas hazañas de la conquista española de América (16).

En 2002 publica Colección particular, un cuidadosísimo conjunto de poemas inspirados en la obra de diversos pintores de su peculiar afición: desde Francisco Pradilla y su “Doña Juana recluida en Tordesillas” o “La primavera” de Boticelli, hasta una serie de retratos. Un libro, inicio de una colección, constituido en una auténtica delicatesen, no sé si más agradable para quien lo lee o para quien ha sido capaz de pergeñarlo y llevarlo a cabo con tanta eficacia y gusto (17). En su día debió agradarme mucho, porque tengo dos ejemplares, uno adquirido por mí y otro dedicado por el autor.

Con el Canon de Medicina, ganó en 2006 el premio Juan Bernier en Córdoba (18). En su día lo leí con agrado y provecho. Tal vez lo consulté demasiado porque no he sido capaz de encontrarlo en mi desordenadamente ordenada biblioteca, pero trataba sobre historia de la medicina y de la farmacia, con lo cual, a lo largo de su vida, en su poética, ha ido tocando todos los temas de su mayor interés.

En 2007 gana el premio de poesía del Ayuntamiento de Cúllar Vega, con Cerca de tu memoria (19), un libro, a mí me parece, con algunas resonancias del antes citado León Felipe, sobre todo en los títulos, pero en donde cada vez más su poética se va afilando: la nostalgia parece llevadera y la intimidad más hermosa. Desigual, porque no persiste en un tono único, sino que lo divide en una parte íntima, otra narrativa, unas reflexiones intimistas y unas canciones juveniles. No es, a mi parecer, un poemario cerrado, sino una serie de temas recopilados a modo de antología, en donde se mezcla lo narrativo, lo intimista dirigido hacia el lector, lo meramente íntimo, capaz o no de entroncar con quien lo lee y unas muy alegres canciones juveniles en las cuales se habla de la pérdida o ganancia del tiempo, de las excursiones a los castillos de la infancia, de las peleas infantiles y de todo aquello que forma parte de nuestro común acervo de recuerdos gratos.

Con Los signos del pentagrama , ganó el premio de poesía Villa de Benasque en 2010 (20). Aquí, como en su anterior libro se apoya, ahora no en cuadros, sino en pasajes de sus piezas musicales predilectas, desde las más clásicas, hasta los Beatles, con una agilidad literaria verdaderamente prodigiosa y digna de un mayor reconocimiento popular.

En 2014 publicó Más amor si más hubiera (21), un libro de improbable explicación alejada de la poesía en sí misma. Apoyado en sus lecturas y en su experiencia poética el contenido es coherente con el título. Él lo explica en la contraportada:

Es el hombre quien te habla con libertad/igual que un interlocutor no cohibido,/quien ve el agua que fluye/pero no ve la fuente.

La cuarta sección de este texto, titulada Espiral de ramas verdes, resultó ganadora del premio Quijote de Plata, 2014.

El año 2016, su amigo José Vélez García Nieto editó su Nomenclátor (cien poemas) (22) en la colección PHARMA-KI creada por ellos en AEFLA (23). Lo presentó su también amiga Margarita Arroyo de quien copio estas palabras: La suya además es a veces una poesía comprometida. Pero no con el grito y el desgarro. No con la rabia y la dureza, sino con el amor, la valentía, con la verdad, con el hombre, con Dios y con la vida en su vertiente más limpia.

Apreciaciones que comparto si el párrafo hubiera acabado en la vida, pero no he querido mal citar a una persona también de mi querencia. La vida reflejada en la poética de nuestro común amigo, es limpia, en tanto y cuanto puede serlo. Eso sí, no añade turbiedades añadidas a las arrastradas de suyo por la propia existencia, ni canta a las flores del mal (24), ni a Maldoror (25).

En 2015 reeditó Doble luna de Marte (26), que el reconoce como un conjunto de poemas reunidos para presentarse a un concurso. Aunque no lo hizo él, sino su hermano Jacobo, quedó el segundo en 1984 y fue publicado por Adonais. Se observa ya su peculiar voz y sus temas constantes: la ciencia, Dios, el amor, los desastres artificiales de la vida como la destrucción por las drogas… en definitiva una mirada intimista pero también social, siempre serena aunque a veces nostálgica sin llegar a ser amarga.

Cuando podíamos temernos lo peor, pues las reediciones de las obras juveniles, si son buenas, muchas veces son presagio de abandono y recogimiento en lo que uno fue sin ya serlo, en 2019 publicó, ¿Quién leerá esto? (27), una obra de aliento poético inacabable, límpida, con un oficio extraordinario pero, sobre todo, con una inspiración sorprendente y una madurez conquistada, tanto en los aspectos formales como en los contenidos. Sigue con sus temas acostumbrados: las inquietudes religiosas, no abordadas desde los cándidos aspectos populares, sino desde otros cercanos a la mística (28), su propia experiencia, la literatura en donde un verso de Luis Rosales puede cambiarte la vida y la asunción de su destino: No lloro lo perdido, Señor,/nada se pierde, o sus poemas: “me declaro responsable de mi vida” o “esta barca averiada que gobierno”, entre otros. Creo que fue en esta ocasión, después de leerlo, cuando no me pude contener y le mandé un correo electrónico con un mensaje conciso: querido amigo: Cada día escribes mejor. Y eso se lo enviaba un lector casi setentón a un poeta sesentón.

En 2021 publica un texto delicioso, Letra de vuelta (29), en donde a modo de los extintos exámenes de septiembre marca su posición personal ante la literatura y la lectura, desde el Quijote, hasta Tarzán o Sherlock Holmes.

Con esto el poeta se da la satisfacción de establecer una trilogía personal maravillosa sobre sus aficiones pictóricas, musicales y literarias. Un lujo al alcance de muy pocos que, sin embargo, pueden permitirse los poetas, al menos este poeta que jamás dependió de lo escrito pues, pese a su enorme calidad literaria, se ganó su sustento, primero como alto funcionario del Estado y luego como alto ejecutivo de una multinacional farmacéutica, en donde no sé si fue o no libre, pero logró una absoluta libertad con respecto a su quehacer poético.

En prosa publicó La lira de Tirteo (30). Allí recoge ciento veintiuna reseñas de poemas o novelas, antes publicadas por él en Pliegos de Rebotica. Entre ellas la de la única novela publicada por mí, lo cual me llena de satisfacción.

Hace no demasiado tiempo, su libro primerizo, Los pies del mensajero, fue publicado en Italia traducido a su idioma y el poemario Acuarela, lo desconozco.

José Félix es también académico correspondiente de la Real Academia de Farmacia de Cataluña y miembro colaborador de la sección de filología y literatura de la institución Gran Duque de Alba.

6. SOBRE LA TRAMA DEL CIELO

A la vista de lo hasta ahora dicho entenderán porqué me presté inmediatamente a participar en la presentación de su libro y ofrecí hacerlo en la Real Academia, en lugar de en la librería en donde suele efectuarlo la editorial Vitrubio. No es cuestión de amistad, sino de admiración hacia un poeta cercano.

Ahora, en la recta final de la pandemia, en el inicio de su jubilación, el poeta nos presenta La trama del cielo (31). He hablado demasiado y será mi copresentador y el autor quienes lo acaben de presentar, déjenme decir que es, de nuevo, el intento, ahora más depurado de comprender el universo, desde un aspecto científico y, sobre todo, poético. Si hubiéramos de compararlo con algo sería con el De rerum natura de Tito Lucrecio Caro (32), si bien el romano tenía intenciones didácticas y Olalla simplemente poéticas.

De su lectura se deduce, al menos yo deduzco, que cada ser humano es, en sí mismo, un universo. Cada vez que un niño abre los ojos, nace un mundo nuevo, cada vez que se cierran para siempre, desaparece.

En estos tiempos de guerras inexplicables y atávicas, convendría asumir las palabras de Sebastián Castellio (33), escritas en el siglo XVI, según las cuales cuando se mata a un hombre para combatir una idea, no se combate una idea, sino que se mata a un hombre y lo que, a mi parecer, sugiere aquí nuestro poeta.

Aparte de la evidencia científica de la inmanencia del universo frente a nuestra fragilidad, todos y cada uno de nosotros, de cualquier sexo, creencia, color o riqueza, formamos un universo propio e irrepetible y el universo y cada universo, debe ser siempre sagrado y tratado con los mayores miramientos y afecto.

7. REFERENCIAS

1. Gustavo Adolfo Bécquer, Rimas, XXI.
2. Los Borbones en pelota, ed. y estudio introductorio de Isabel Burdiel, Zaragoza: Institución Fernando el Católico, 2012.
3. Jorge Luis Borges, “Un lector” Elogio de la sombra, 1969; También Luis Alberto de Cuenca, Por fuertes y fronteras, Madrid: Visor de Poesía, 1996.
4. Ezra Pound, El ABC de la lectura, Madrid: Ediciones y talleres de escritura creativa Fuentetaja, 2000.
5 León Felipe, Poesías completas, Madrid: colección Visor de poesía, 2004, p. 72. El poema acaba: ¿Qué/importa/que la estrella/esté remota/y deshecha/ la rosa?…/Aún tendremos/el brillo y el aroma.
6. Francisco Javier Puerto Sarmiento, Ciencia de Cámara. Casimiro Gómez Ortega (1741-1818) el científico cortesano, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1992.
7. Francisco Javier Puerto Sarmiento, -Con firma-, Federico Muelas, Mundo Farmacéutico, 2015, nº 289, pág. 31.
8. Andrés Trapiello, Las armas y las letras, Literatura y guerra civil (1936-1939), Barcelona: Destino, 2019.
9. José María Fernández Nieto, Antología, Palencia: Ediciones Cálamo, 1997.
10. Georg Trakl, Sebastián en sueños y otros poemas, Barcelona: Galaxia Gutemberg, 2006.
11. Debería citar, tal vez, a Rafael Palma Pradillo, pero en mi biblioteca personal sólo tengo su libro Primera canción, Cartagena: imprenta Francisco Gómez, 1959, y es un texto primordialmente religioso.
12. Francisco Javier Puerto Sarmiento, Fiat Secundum Artem, “José Félix Olalla”, El Farmacéutico, 2006, nº 366, pág. 117.
13. Juan Antonio Tamayo, “Los manuscritos de ”Revista de Bibliografía Nacional, 1942, T. III, fasc. 1º y 2º, pp. 38-63.
14. José Félix Olalla, Ciudad pasajera, Barcelona: La Mano en el Cajón, 1981; Doble luna de marte, Madrid: Rialp, colección Adonais, 1985; Los pies del mensajero, Madrid: Arbolé, 1991; Luis Jiménez Martos, Antología general de Adonais (1969-1989), Madrid: Adonais, 1989.
15. José Félix Olalla, En el tiempo intermedio, Vigo: ediciones Cardeñoso, 1994.
16. José Félix Olalla, Después de nosotros, Barcelona: Seuda ediciones, 1997.
17. José Félix Olalla, Colección particular, Madrid: Arte Infantas, 2002.
18. José Félix Olalla, Canon de Medicina, Córdoba: Arca del Ateneo, 2006.
19. José Félix Olalla, Cerca de tu memoria, Madrid: Gato verde ed. 2007
20. José Félix Olalla, Los signos del pentagrama, Lleida: editorial Milenio, 2010. Dedicado a su madre y a Francisco Femenía a quien, tal vez, también debería haber incluido en la nómina de poetas farmacéuticos pero cuya obra, lamentablemente, desconozco.
21. José Félix Olalla, Más amor si más hubiera, Madrid: ediciones Vitrubio, 2014.
22. José Félix Olalla, Nomenclátor (cien poemas), José Vélez García-Nieto (ed.), Madrid: PHARMA-KI, 2016.
23. Francisco Javier Puerto Sarmiento, En tierra de nadie. “Pharma-Ki” OFFARM, 2002, vol. 21, nº 7, pp. 154-155.
24. Charles Baudelaire, Las flores del mal; una edición bilingüe en https://www.cjpb.org.uy > Baudelaire-Flores-Mal.
25. Isidore Ducasse, conde de Lautréamont, Los cantos de Maldoror, Valdemoro: VALDEMAR, 2016
26. José Félix Olalla, Doble luna de Marte (primera edición en 1985), Madrid: ediciones Vitrubio, 2016.
27. José Félix Olalla, ¿Quién leerá esto?, Madrid: Ediciones Vitrubio, 2019.
28. Aunque es bastante evidente a que me refiero, para entenderlo, desde un punto de vista histórico, es buena la lectura de Julio Caro Baroja, Las formas complejas de la vida religiosa: (religión, sociedad y carácter en la España de los siglos XVI y XVII), Madrid: Sarpe, 1985.
29. José Félix Olalla, Letra de vuelta, Córdoba: Asociación Cultural Andrómina, 2021.
30. José Félix Olalla, La lira de Tirteo (121 libros comentados).
31. José Félix Olalla, La trama del cielo, Madrid: Ediciones Vitrubio, 2022.
32. Lucrecio, De rerum natura. De la naturaleza, Barcelona: Acantilado, 2012.
33. Sebastián Castellio, Contra libellum Calvini in quo ostendere conatur haereticos jure galdii concerdos esse…, Traducción y notas, Joaquín Fernández Cacho, revisión y notas de Ana Gómez Rabal, Villanueva de Sijena: Instituto de Estudios Sijenenses “Miguel Servet”, 2009. Stefan Zweig, Castello contra Calvino. Conciencia contra la violencia, Barcelona: Acantilado, 2001.